Los Procesos Capitalistas

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Introducció

Aquest text és la meva proposta de redacció en base a l’esquema Guión para el Documento Didáctico del Plan Central de Formación sobre Economía Política de los CJC.

La redacció íntegra va ser, amb total honestedat, una bogeria. En 30 dies vaig redactar la totalitat del text, revisant constantment els llibres de Marx i Lenin, i treballant aprox 50-60 hores a la setmana. Com ho vaig aconseguir encara no ho sé ben bé del tot. L’energia i entusiasme juvenil, suposo.

La proposta va ser ben rebuda, tot i que hi ha parts que es van canviar substancialment per a facilitar a un major entendiment, respecte al Plan Central de Formación resultant. Igualment, és de les redaccions que més orgullós m’ha deixat, i sempre la portaré a un lloc especial del meu cor.

Aquest, al meu parer, és un dels meus grans projectes acabats i resolts. No perque l’hagi acabat jo mateix el sistema crític de l’economia política marxista, sinó perque és un salt qualitatiu enormement significatiu en la constatació de que, si inverteixo el temps i l’esforç, puc sistematitzar i exposar de forma satisfactòria un esquema que hagi creat abans.

Al blog no he publicat tots els esquemes que tinc, però sí els que he cregut més rellevants per donar una mostra de com estructurava el meu pensament, quines dificultats em trovaba i com ho he acabat resolent.

Adicionalment, és rellevant comentar també que abans del redactat aquí present hi ha d’haver un apartat de metodologia i concepció sobre aquesta. Al Pla Central de Formació hi és, i consta de 45 pàgines. Les 95 pàgines restants són la correcció definitiva, creada en base a aquesta proposta de redactat.

Introducción

Este escrito es un encargo que nos hizo al camarada A.F. y a mi la Comisión Central de Formación de los CJC para su eventual inclusión en el Documento Didáctico, contenido en el III Plan Central de Formación, dedicado a la Economía Política. La totalidad del redactado presente es obra mía, pues el camarada A.F. no podía trabajar el documento por trabajo y vacaciones. Este sería la segunda parte del documento según mi propuesta (aceptada con ligeras modificaciones) de índice, la cual adjunto como Anexo al final. No me vi capaz de desarrollar el punto de la tercera parte.

El documento rehuye de la forma que tomó el Documento Didáctico igual del año anterior, donde era más un glosario que no una explicación con intención orgánica, de expresión de procesos y conceptos como entreligados entre sí. De ahí su forma actual, en completa oposición a lo que viene siendo un diccionario.

Empecé el redactado el 29 de Junio y lo acabé justo el 29 de Julio (2022), tras un mes de profunda consulta con los textos de Marx y Lenin a los que aquí hago referencia.

No pretende ser nada más que el resumen de la obra de El Capital e Imperialismo: Fase Superior del Capitalismo. Intenté que se perdiera la menor cantidad de contenido, aunque por obvias razones de extensión se tenía que limitar mucho lo que se exponía. Aún así, creo que ha resultado de este esfuerzo una buena obra de resumen.

RoAgVa
11 de Agosto de 2022

Los procesos capitalistas

Como ya hemos avanzado antes, a la hora de estudiar y comprender el modo de producción capitalista en todas sus facetas, lo central es comprenderlo como un proceso en constante movimiento y vida, en el que conviven todos los momentos a la vez y conectados todos ellos por la ley interna de su automovimiento, por su razón lógica de ser y devenir.

Tal coexistencia de todos los momentos se debe comprender de un modo altamente complejo y del que nunca podremos saber todos los movimientos particulares, con lo que nos deberemos bastar con los procesos generales que siguen los elementos y su connexión conceptual entre ellos para acabar articulándolo en sistema científico, en una forma de comprensión tanto compleja como crítica, es decir, de una forma profundamente histórica. «Todo lo que existe merece perecer», decía Hegel, y Engels añadía en 1886 (Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana) que «la verdad residía en el proceso mismo del conocer, en la larga trayectoria histórica de la ciencia, que, desde las etapas inferiores, se remonta a fases cada vez más altas de conocimiento, pero sin llegar jamás, por el descubrimiento de una llamada verdad absoluta, a un punto en que ya no pueda seguir avanzando, en que sólo le reste cruzarse de brazos y sentarse a admirar la verdad absoluta conquistada». Por ello, el estudio de lo que se ha avanzado ya en economía política es relevante, para profundizar más en ello de ahora en adelante.

«La sociedad burguesa es la más compleja y desarrollada organización histórica de la producción. Las categorías que expresan sus condiciones y la comprensión de su organización permiten al mismo tiempo comprender la organización y las relaciones de producción de todas las formas de sociedad pasadas, sobre cuyas ruinas y elementos ella fue edificada y cuyos vestigios, aún no superados, continúa arrastrando, a la vez que meros indicios previos han desarrollado en ella su significación plena.»1

En este apartado hacemos incapié en los procesos y su simultaneidad anárquica. A la vez se produce en una mina de carbón, en una herrería, en un barco transportador de mercancías, en el mercado de una ciudad, en la interacción entre un vendedor y un comprador, entre un comercial y un capitalista, en la competencia entre capitalistas, en las campañas de márketing por ampliar la audiencia que atrae un producto. Todos los momentos a la vez, pero todos ligados por el mismo modo de producción. Ahí recae una de las dificultades del estudio de la economía política.

El proceso de producción

A la hora de empezar a estudiar el modo de producción capitalista se puede empezar por muchos caminos, pero el adecuado para la investigación científica es el elemento más básico de este sistema, aquello que es más inmediato y elemental, el cual es la mercancía M, el objeto con el que se mide la riqueza en las sociedades donde predomina el modo de producción capitalista, el modo en el que se producen mercancías como objetivo principal y en masa.

En el proceso de producción empezaremos a desarrollar conceptos que no dejaremos atrás al conceptualizar los otros procesos, como el de valor, mercancía, compra y venta, capital constante y variable, plusvalor, división social del trabajo… Especial atención a estos para poder comprender los procesos.

La mercancía y los valores

La mercancía es un bien que se puede usar pero que se produce con la intención principal de venderlo, es decir, que no entra dentro de los medios de subsistencia del que la produce o apropia.

Cabe destacar que no sólo hay mercancías en el capitalismo, sino que también las hay en las sociedades precapitalistas, como en las sociedades de tribus cazadoras-recolectoras («comunismo primitivo»), las sociedades esclavistas y las sociedades feudales, pero en estas sociedades no era la forma predominante en que se producían los bienes, innovación y base del modo de producción capitalista2.

Ya hemos asentado que las mercancías se producen para venderse, pero para que alguien las quiera comprar significa que deben valer para algo, es decir, que se deben poder usar en alguna forma. A tal propiedad interna de la mercancía la denominamos valor de uso, y es la aquello añadido cultural e históricamente que se puede hacer con cierto objeto. Por ejemplo, una manzana nos sirve para comerla o para hacer pienso, compostaje o cualquier otra cosa que le asignemos cultural y socialmente, como ser una diana contra la que lanzar una flecha.

También hemos mencionado que se producen estas mercancías para venderlas, es decir, para conseguir con ellas otras mercancías, y esto lo conseguiríamos mediante el intercambio, que hace equivaler a dos mercancías con valores de uso completa o parcialmente diferentes entre sí (no tendría sentido cambiar dos mercancías con valor de uso igual); ante dos cosas cualitativamente distintas deben equivaler a una tercera que haga de mediadora, y es a este tercer elemento que llamamos valor.

«Las mercancías […] sólo son mercancías debido a su dualidad, a que son objetos de uso y, simultáneamente, portadoras de valor. Sólo se presentan como mercancías, por ende, o sólo poseen la forma de mercancías, en la medida en que tienen una forma doble: la forma natural y la forma de valor.»3

Este valor es el promedio del tiempo socialmente necesario para producir cada unidad de todas las mercancías de un tipo específico (no necesariamente todas las sillas, sino por ejemplo un modelo específico de silla, o un tornillo de medida y modelo particular), es decir, que depende del total de tiempo empleado y el número total producido tal que tiempo total de producción / nº total producido.

Una vez asentado qué es el valor de uso y el valor, que constituyen los valores que están en el interior de la mercancía, cabe especificar que una vez se realice uno, el otro se extingue: una vez comemos una manzana ya no la podemos vender en cuanto manzana, y a la inversa, una vez vendemos una manzana ya no podemos comérnosla porque ya no está en nuestras manos. Esta es la contradicción interna de la mercancía, donde conviven estos dos valores y a la vez sólo se puede realizar uno en cada momento. Aún así, si se vende la manzana, el comprador podrá comerla aún o volverla a vender, pero en cuanto a mercancía que estaba en las manos del poseedor original ya no hay vuelta atrás.

Como ya hemos dejado entender, a las mercancías se las intercambia por otras mercancías y, en casos donde la oferta y la demanda tenga la tendencia al equilibrio (es decir, en largos períodos de tiempo, lo cual estará supuesto de ahora en adelante), tal intercambio es en proporciones determinadas, en última instancia, por las proporciones de valor. Si una mercancía A vale el doble que una mercancía B, con dos mercancías B se podrá comprar una mercancía A, es decir, los valores de ambas partes será igual; a la vez, si un conjunto (simple o complejo) de mercancías equivale a otro conjunto en el mercado es porque los valores entre ambos equivalen. Esta es la forma que toma siempre el valor en el mercado, el valor de cambio, una mercancía que contraponemos a nuestra mercancía (ambas diferentes entre sí).

Aún así, la forma que toma el valor, el valor de cambio, ha cambiado históricamente: al principio las sociedades tribales ejercían el trueque, el intercambio de una mercancía por otra, y poco a poco se fue desarrollando hasta llegar al dinero como consecuencia lógica4. Por ahora asumiremos que el valor y el precio equivalen.

El fetichismo de la mercancía

La problemática que tiene el estudio de la economía política y que se solventa con el estudio marxista, el estudio con perspectiva histórica contemporánea, es que las relaciones económicas que se entablan entre las personas y que son el fundamento de las relaciones sociales de producción5 aparecen como en el modo de producción capitalista como relaciones entre cosas, entre objetos, es decir, aparecen como algo cosificado, inmóvil, eterno.

Por ejemplo, la mercancía, que encierra dentro de sí el valor, el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción, se relaciona con las otras mercancías en el intercambio como relación entre cosas, no entre el trabajo socialmente necesario para producir una y otra y su proporción (simple o compleja). Una relación creada por humanos aparece como una relación entre objetos.

Y es por ello que es relevante la perspectiva histórica, pues comprendemos que las relaciones sociales de producción actuales no fueron así siempre, sino que se desarrollaron tras largos siglos hasta llegar al punto de hoy en día. Y que los objetos se relacionen de determinada forma no implica que esta sea la única forma de relacionarse y desarrollarse, ni que les sea propia.

El proceso del intercambio y las propiedades del dinero

El intercambio es el proceso mediante el que se representa una relación entre personas, entre voluntades: una persona quiere una mercancía y no quiere la que tiene, y la otra persona también pero en sentido inverso.

Por ejemplo, una persona tiene una mercancía y la otra cualquier otra mercancía, y cada persona quiere la que no tiene por su valor de uso distinto. Si deciden intercambiar entre sí (aún sin dinero) harán un trueque, donde veremos que la compra y la venta se muestran como opuestos, pero en realidad son el mismo proceso desde una faceta particular. Una vez generalizado el uso del dinero esta unidad de opuestos se nos dificulta, pero sigue ahí: el que posee dinero compra una mercancía a la vez que vende dinero, y viceversa.

De ahora en adelante empezaremos a hablar con esquemas lógicos: en la medida que MM es Mercancía y DD es Dinero, podemos decir que la persona que tiene dinero vive el siguiente proceso: D−MD – M, es decir, tenía dinero y ha pasado a tener una mercancía, y la otra persona lo mismo pero a la inversa, M−DM – D, tenía una mercancía y ha pasado a tener dinero. El punto de vista es unipersonal, pero nos permite empezar a analizarlo.

El intercambio en el capitalismo se hace con intenciones. Se puede comprar una mercancía para venderla más cara, en cuyo caso la fórmula sería de D−M−D′D – M – D’ donde D′D’ es mayor que DD (es decir, D+difD=D′D + difD = D’, donde difDdifD es la diferencia de dinero entre el principio y el fin); también puede suceder lo contrario, vender una mercancía para obtener otra, y se expresaría en M−D−M′M – D – M’, como que un productor de manzanas venda sus manzanas para comprar una silla.

La facilidad que supone el dinero en el intercambio es significativo: en el trueque no podías obtener la mercancía que querías si el otro no quería la mercancía que ofrecías a cambio, pero el dinero nos vale para todas las mercancías.

Con ello ya podemos empezar a hablar de las propiedades del dinero. El dinero sirve (1) como medida de valor, es decir, expresa el valor que encierra la mercancía con algo externo a ella, una expresión con vigencia social y comprensión casi inmediata. También sirve (2) como medio de circulación, como objeto mediador de cambio y movimiento dentro del mercado, es el paso intermedio para obtener el valor de una mercancía en otra cuyo valor de uso se busque. A la vez el dinero es usado (3) como medio de acumulación, como forma en la que se conserva el valor a lo largo del tiempo (con facilidad) de forma completamente enajenada del valor de uso, que puede caducar por el tiempo; por esto mismo la moneda era áurea o de plata, porque ambos no se oxidan por contacto con el aire y otras cuestiones históricas. Además de que también sirve (4) como medio de pago, que facilita tratar con mercancías con producción estacionaria o similares, es decir, como adelanto (con o sin intereses) o fraccionamiento de pagos (luego desarrollaremos este concepto). Finalmente, el dinero se usa (5) como dinero mundial, como la lengua común del capital para su movimiento y realización a escala internacional, pues el oro y algunos billetes no se limitan a un solo territorio.

Capital constante y variable

El capital usa el dinero, en general, para comprar mercancías en algún momento, y esas mercancías, usadas de forma específicamente capitalista, se dividen en dos grandes campos: el campo de los medios de producción y el campo de la fuerza de trabajo. En su unidad e interacción componen el proceso de producción, pero ahora debemos centrarnos en la relación entre ambos y el dinero.

El dinero invertido por el capitalista (capital dinerario) en medios de producción, es decir, en maquinaria y materias primas (más tarde desarrollaremos sus diferencias) es lo que denominamos como capital constante c, mientras que el dinero invertido en la fuerza de trabajo que trabajará esos medios de producción durante determinado tiempo (una jornada laboral) es lo que denominamos como capital variable (v). Ambos sumados los denominamos como capital adelantado (C=c+vC = c + v)6.

Así pues, podemos hablar de que hay cierto valor invertido en capital constante y otro tanto en capital variable, sacar proporciones de ello y empezar a plantear un mayor análisis. Por ejemplo, podemos crear una simple división que nos exprese la proporción de valor invertido en capital constante por cada unidad de valor invertido en capital variable, la composición técnica del capital, c / v. También podemos plantear la proporción en la que se invierte en capital constante en proporción con el capital total que se adelanta ante una operación de producción, la cual denominaremos como composición orgánica del capital, c/C=c/(c+v)c / C = c / (c + v).

El proceso de producción

Una vez se pone en movimiento tanto el capital constante como el capital variable, es decir, se los usa, cuando se le dice a una persona que vende su fuerza de trabajo, a un trabajador, que trabaje en unas particulares máquinas de una determinada forma con unas ciertas materias primas (en otras palabras, que realice trabajo útil para su fin particular) durante un período de tiempo determinado (la jornada laboral), es entonces cuando empieza el proceso de producción, que es un proceso de trabajo y, a la vez, un proceso de valorización.

Es un proceso de producción en la medida en la que el resultado de este son productos, objetos que se pueden usar para determinados usos e intenciones, y que estos adquieren la forma predominante en el modo de producción capitalista, la forma de mercancías (es decir, que son producidas ya en vistas de venderlas).

Las condiciones de tal proceso de producción son diferentes para cada trabajo: no tienen lo mismo el herrero, el sastre, el electricista, el camarero y el músico como medios de producción, materias primas y fuerza de trabajo. Los procesos de trabajo son diferentes para cada oficio y para cada parte especializada de un proceso productivo de un sector particular, pero todos estos procesos de trabajo distintos entre sí comparten el hecho de que median entre la naturaleza (en última instancia) y el hombre; todo cuanto hay en todos lados es naturaleza, sólo que más o menos procesada (dotada de nuevos significados y usos, como tinta con formas particulares en papel). En este proceso se objetiva el trabajo en el producto, se externaliza lo humano (fuerza interna) a lo ajeno (materia externa).

A la vez, es un proceso de valorización. Y es que antes ya hablábamos de que todo son intercambios equivalentes: todo lo que hace el trabajador es transferir el valor de un objeto, herramienta o máquina a otro objeto mediante su uso y añadiéndole el valor de su propia fuerza de trabajo durante el tiempo en que la emplee (otro movimiento de transmisión de equivalentes), y estos objetos resultantes serán las mercancías que se apropiará luego el capitalista para venderlas.

«Como unidad del proceso laboral y del proceso de formación de valor, el proceso de producción es proceso de producción de mercancías; en cuanto unidad del proceso laboral y del proceso de valorización, es proceso de producción capitalista, forma capitalista de la producción de mercancías.»7

Cabe añadir que el proceso de producción requiere de un tiempo físico desde que entran los elementos que lo componen, los medios de producción y la fuerza de trabajo, hasta que acaba y se han producido las mercancías resultantes por el capital adelantado en constante y variable. Este es el tiempo de producción. Este tiempo de producción comprende dentro de sí el tiempo de trabajo, pero no sólo este; también está contenido en el tiempo de producción todo el tiempo en el que lo producido debe ser sometido a ciertos procesos naturales para conseguir el producto buscado. La importancia de este concepto será clara más tarde.

La gracia, el secreto, el enigma de la cuestión del proceso de producción está aún oculta. La fuerza de trabajo tiene un precio, el necesario para poder reponerla al día siguiente, como todas las mercancías, pero el trabajo que ejerce crea valor, lo transmite de unas cosas a otras, de máquinas y herramientas a materias primas para hacer de ellas otros productos, y el valor que crea es superior al valor que la repone. Al usarse la fuerza de trabajo, al trabajar hacia un fin, al realizar trabajo útil, se sustenta y consigue más de lo que ha invertido. Esa es la fuerza creadora de la clase trabajadora cuando se la toma en conjunto y del trabajador como partícula, y es condición necesaria para toda sociedad humana8.

Hagamos una simple ecuación. Supongamos que para reponer la fuerza de trabajo en iguales condiciones que el día anterior nos suponga un gasto total de 100 de valor (el cual es el salario), y que produzcamos por hora un total de 20 de valor; en 5 horas habríamos trabajado el equivalente a lo que nos cuesta reponernos. Pero se puede seguir trabajando9. Si se trabajan 6 horas en estas condiciones habrá 20 de valor de excedente. Es este trabajo por encima del que se paga al trabajador al que denominamos plusvalor pv. Y este es el secreto del modo de producción capitalista.

«El capital se convierte, asímismo, en una relación coactiva que impone a la clase obrera la ejecución de más trabajo del que prescribe el estrecho ámbito de sus propias necesidades vitales.»10

Plusvalor absoluto y relativo

Tras el proceso de producción, habiendo ejercido el trabajador su oficio durante su jornada laboral, se encuentra sobre la mesa un resultado, las mercancías producidas, que contienen el capital constante invertido más el capital variable y el plusvalor. El valor total de estas mercancías tras un proceso de producción es de c+v+pvc + v + pv, distribuido de forma uniforme entre ellas; el capital adelantado C equivale al capital constante y al capital variable c+vc + v y no al plusvalor porque este aparece luego como resultado del proceso de producción, es decir, C=c+vC = c + v y el valor total tras el proceso de producción equivale a C+pvC + pv (capital adelantado + plusvalor).

El plusvalor absoluto de esta operación es simplemente pvpv, es decir, el valor producido por encima del que se paga al trabajador, es decir, la masa de plusvalor.

El plusvalor relativo es la proporción entre pvpv y vv, o sea, pv/vpv / v, el cual nos expresa qué tanto se trabaja por encima de lo que realmente es necesario, es decir, la tasa de plusvalor pv′pv’, qué tanto valor roban a los obreros en base a los salarios.

Son necesarios ambos para una visión plena de una situación, pues sólo con uno no se sabe si se produce mucho plusvalor absoluto o poco si no es en relación con el capital variable que se ha invertido, o sea, con el trabajo vivo que se ha empleado.

El plusvalor, además de ser expresado en valor absoluto y relativo, también se puede expresar en sus formas equivalentes de mercancías: el tiempo que se trabaja por encima del que se paga se denomina plustrabajo, el cual produce en su totalidad plusproducto, o bien se puede valorar qué proporción de cada mercancía producida contiene trabajo necesario y plustrabajo.

El trabajo se puede dividir, pues, en trabajo pagado y trabajo no pagado, en salario y plusvalor, en trabajo necesario y plustrabajo. El trabajo pagado, el salario y el trabajo necesario representan lo mismo, al igual que el trabajo no pagado, el plusvalor y el plustrabajo.

Se puede aumentar de muy diferentes formas el plusvalor: se puede aumentar la parte relativa, la tasa de explotación (pv/vpv / v), aumentando las horas que se trabajan por un mismo salario, bajando el salario, delimitando el trabajo a realizar mediante la división social del trabajo, aumentando la productividad, aumentando la intensidad del trabajo; se puede aumentar a nivel absoluto aumentando la plantilla en base a una misma tasa de explotación, o una combinación de estas11.

Cooperación y división social del trabajo

Los procesos de producción de mercancías los puede ejercer una sola persona siempre y cuando esta sepa ejecutar todos los trabajos requeridos para la producción de una mercancía, pero a medida que las mercancías se complican va haciéndose cada vez más necesaria una división social del trabajo y la cooperación productiva entre las partes divididas, la cual permite una mayor vigilancia y control sobre los trabajadores por parte del capitalista y simplificación de los procesos a realizar, partes que suceden simultáneamente y en proporciones que no permitan las pausas de ninguna de ellas por falta de materiales necesarios y de maquinaria funcional.

«Si el proceso de trabajo es complejo, la sola masa de los cooperadores permite distribuir las diversas operaciones entre diversos brazos y, por consiguiente, ejecutarlas simultáneamente y, con ello, reducir el tiempo de trabajo para la producción del producto total.»12

Está en el interés del capitalista acentuar la cooperación y la división social del trabajo, ya que permite acelerar la autovalorización posible del capital, obtener una mayor proporción de plusvalor respecto a la inversión de capital variable, aumentar la tasa de explotación, la tasa de plusvalor.

En el modo capitalista de producción, los obreros son pagados individualmente y deben ejecutar lo mandado por el capitalista interactuando sólo lo necesario entre ellos para ejecutar adecuadamente el trabajo técnico. Pero no bien se rebasa esta limitación capitalista, cuando cooperan y se asocian los trabajadores entre sí, encuentran estos que el poder de hacer realidad sus ensoñaciones yace en ellos mismos y no en el capitalista, son ellos los que mueven el mundo con su fuerza, mientras que el capital sólo les dice dónde deben usar su fuerza de trabajo. Allí yace una primera instancia de la conciencia de clase, que desarrollamos en el Documento Didáctico sobre Materialismo Histórico del II Bloque del Plan Central de Formación.

Manufactura y maquinaria

Antes de asentarse la producción capitalista de una forma nacional o internacional ya se producía en ciertos talleres especializados de una forma capitalista, como es el caso de la manufactura.

Se daba el caso, por ejemplo, de artesanos independientes entre sí trabajando con las mismas máquinas en el mismo taller, los cuales debían saber todos los pasos para la realización de una mercancía, concentrando a estos artesanos (trabajadores) en un mismo lugar. También sucede que los obreros en estos talleres comparten las enseñanzas para ejecutar una misma acción repetitiva y simple a mayores velocidades.

La división social del trabajo en la manufactura nos lleva a dos manufacturas diferentes: una manufactura heterogénea, donde muchas manos hacen partes distintas para luego juntarlas todas (el caso de los relojes), y la manufactura orgánica, donde una pieza pasa a un obrero que le ejerce un trabajo para luego pasar a otro obrero con otro trabajo (el caso de los coches).

Estos empleos de obreros implican a la vez unas comunicaciones y unos transportes crecientemente centralizados y rápidos, con lo que se desarrolla la contradicción entre el campo y la ciudad13, pues en la ciudad se concentran cada vez más obreros por las facilidades de transporte que tiene mientras son expulsados de los campos si vienen de allí.

La manufactura, a medida que progresa, acentúa la cooperación y la división social del trabajo hasta reducir los trabajos a operaciones mecánicas que no requieren del obrero más que el esfuerzo repetitivo y no creativo, es decir, que sea un trabajo no estimulante, algo de gran pesadez y desgaste físico y mental, y es este sufrimiento el que compone el trabajo en la forma particularmente capitalista, donde se emplea al trabajador para que realice periódicamente un mismo proceso. Cabe apuntar que estos procesos pueden ser más o menos complicados, y que para realizarlos se puede requerir de una mayor o menor formación de la mano de obra, es decir, cualificarla.

Al progresar la producción nacientemente capitalista, por leyes luego desarrolladas, se va inviertiendo en máquinas crecientemente eficientes (sobre todo a nivel de cantidad de mercancías producidas por trabajo impreso). A diferencia del progreso que tiene la producción capitalista con la manufactura, donde se revoluciona el empleo de fuerza de trabajo, en la industria y la maquinaria se revolucionan los medios de producción.

La máquina supera por mucho la herramienta, pues esta puede ejercer muchos procesos simultáneos y estar, en gran medida, operada independientemente del trabajador, que la supervisa y repara si es menester, además de que puede hacer uso a gran escala de la neumática y la electricidad para ejercer fuerzas mayores con menor inversión de tiempo y esfuerzo humano. La maquinaria es una evidente revolución y el modo de producción capitalista es consciente de ello.

La creación y generalización de estas maquinarias acelera la aparición y expansión de la producción, transporte y distribución de la energía eléctrica con que funcionan, que aceleran aún más los procesos de concentración (espacial) de capitales. Las innovaciones relativas a la producción eléctrica (por parte de Coulomb, Ampère, Faraday, Ohm, Maxwell, Tesla, Siemens…) y la máquina de vapor de Watt fueron palancas sobre las que se apoyó el naciente modo de producción capitalista para poder asentarse en todos los territorios donde pudo.

Ahora las máquinas, al emplearse, producen los trabajos parciales que antes ejecutaba un trabajador, y la división social del trabajo pretérita se reproduce en estas. No nacen con ello máquinas enormes en las que pones materias primas y acabas con los productos acabados, sino máquinas individuales que se conectan entre ellas como antes los trabajadores entre sí.

La creación de estas máquinas llevó a la creación de los mecánicos y electricistas, que antaño eran artesanos y que con el progreso de la industria ya no requerían de ejercer todos los trabajos sino asistir a la máquina para su correcto funcionamiento, cuidando la transmisión de valor e imprimiendo el suyo propio a las materias primas que en el proceso se iban transformando en nuevos objetos.

El establecimiento de maquinaria en una rama productiva implicó un aumento de la producción y demanda de materias primas en proveedores, que debían empezar a producir a ritmos acelerados, propiciando la investigación y creación de máquinas en estos, y lo mismo con los clientes, que ahora podían adquirir por un mismo precio una cantidad mayor de mercancías y debían aumentar la producción en su rama. La revolución de una rama de producción es la revolución en todas, es un sistema donde cada parte acelera a las demás.

El capital constante que representa el valor de los medios de producción, las maquinarias y las materias primas, crece de forma acelerada en este proceso de ascensión, y es este capital constante que se transfiere a los productos mediante la amortización de las máquinas en un determinado tiempo el que luego se ve reflejado en los valores de las mercancías producidas. Es un hecho constatado que la producción industrial hace reducir los valores incorporados en las mercancías comparado con la producción manufacturera, que requiere de mayor tiempo de trabajo humano para su producción.

Este proceso de expansión histórica de la maquinaria respecto a la manufactura tuvo fuertes repercusiones también en la agricultura y en todas las masas populares que sobrevivían del cultivo simple de la tierra por el autoconsumo, los productores libres, y más tarde desarrollaremos este hecho histórico, un modo de vida que se vió completamente desplazado y que substituyó una relación constructiva con la naturaleza (flora y fauna) con una de completamente destructiva, con lo que Marx afirmaría el El Capital que:

«La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador.»14

Reproducción simple y ampliada

El trabajador no tiene nada excepto su fuerza de trabajo, y tiene que adquirir comida (y otras cosas necesarias, como ropa, casa…) para sobrevivir, así que vende su fuerza de trabajo al capitalista a cambio de un salario al capitalista, que dispone de capital dinerario. El capitalista emplea al trabajador para que produzca mercancías que contienen el valor tanto del capital adelantado como el plusvalor que le extrae al trabajador. El trabajador recibe el salario y compra con él lo que necesita para sobrevivir, las mercancías que él, como clase, ha producido pero no se ha apropiado, quedándose una vez más en la necesidad de vender su fuerza de trabajo porque mañana volverá a tener que consumir lo que él producirá pero no se apropiará. En esto consiste la reproducción simple (si tomamos el plusvalor como nulo, en este instante).

A la vez, el capitalista debe comprar constantemente mercancías para reponer los capitales que se van usando en el proceso de producción, sosteniendo también el ciclo de consumo mercantil productivo que requiere el modo de producción capitalista.

La relación capitalista se reproduce constantemente, y es que el capitalista adquiere lo que ha invertido y más, el plusvalor. A la vez, el trabajador, por su propia vida y consumo vital, vuelve constantemente a ser trabajador. Los papeles no se invierten, sino que yacen en un movimiento de opuestos que, al menos hasta lo desarrollado hasta aquí, seguirá eternamente.

Además, a medida que se concatenan los movimientos de estas clases en plena contradicción, el capitalista va adquiriendo y acumulando más y más plusvalor (si este no es nulo), plusvalor que puede reusar para producir en una escala mayor a la anterior, es decir, usarlo para comprar más (o mejores) máquinas y emplear a más trabajadores (o que estos trabajen de una forma más explotada, con una mayor tasa de plusvalor). La reproducción simple de la relación capitalista se desenvuelve en reproducción ampliada una vez el plusvalor no sea nulo, la cual es una reproducción ampliada no lineal sino exponencial.

Leyes de la acumulación capitalista

Cuando crece el capital dinerario que adquiere el capitalista tras la venta de las mercancías que obtiene tras el proceso de producción, que equivalen al capital adelantado más el plusvalor (C+pC + p), es decir, cuando crece el capital que se autovaloriza a sí mismo, crece (suponiendo que se mantiene igual la proporción entre capital constante y capital variable, es decir, en la medida en la que se mantiene igual tanto la composición técnica del capital como la composición orgánica del capital) el capital que se invierte de nuevo, aumentando en el proceso tanto las máquinas como los trabajadores que se emplean en el proceso de producción.

Al evolucionar y progresar la acumulación y concentración de capital la composición orgánica del capital c/Cc / C cambia junto con los progresos en las ciencias y tecnologías, lucha que ejercen los capitalistas por aumentar la producción y recortar en costes de producción, movimiento que más tarde desarrollaremos. Con esta disminución de la composición orgánica del capital aumenta la proporción en la que se tiene que invertir en capital constante y disminuye la proporción que se tiene que invertir en capital variable.

Esta disminución proporcional de inversión en capital variable hace que una misma masa de obreros tenga que competir entre sí para que algunos seleccionados sean contratados por el capitalista, una lucha desenfrenada por obtener lo que necesitan, que conlleva a que algunos lo consigan y a otros que no. Los que no consiguen trabajo constituyen entonces un ejército industrial de reserva, una masa considerable de gente que está dispuesta a trabajar por menos de lo que se paga a los trabajadores actualmente empleados y que van a empujar los salarios a la baja por simple competencia. Al crecer la población que compone la clase trabajadora (o que aspira a ser trabajadora) y a medida que la composición orgánica del capital crece también (aunque en diferente proporción) esta competencia por el trabajo se acentúa más y más.

La acumulación originaria

La clase trabajadora es aquella clase que, ante todo, no dispone de nada más allá que de sí misma (la cual es la primera negación del modo de producción capitalista), y para subsistir debe aceptar las condiciones del capitalista para vender su fuerza de trabajo, obligándola a trabajar. No obstante, en la segunda mitad del Siglo XIV, en Inglaterra, no existía nada similar a la clase trabajadora, no se habían dado aún las condiciones necesarias para que estas condiciones de vida se generalizasen; la clase más generalizada era la clase de los campesinos libres, campesinos que poseían sus propias tierras y las trabajaban por cuenta propia.

El primer paso para sentar las bases del modo de producción capitalista fue arrojar una masa de proletarios libres (campesinos libres que dejaron de tener tierras propias) al mercado de trabajo de las ciudades eliminando sus condiciones de vida hasta entonces (como la usurpación de sus tierras por parte de la corona), imponiéndoles la necesidad de adquirir la condición de trabajadores en las ciudades, lo cual llevó al nacimiento de unas primeras industrias como es el caso de la lanera.

La violencia que supone esta expulsión de campesinos libres se realiza, en primera instancia, de forma individual a lo largo de 150 años. Pero esta forma cambia una vez que las clases burguesas toman el control del poder político inglés con la Revolución Gloriosa, en 1688. Con ella empiezan las leyes con las que la burguesía expulsará de sus condiciones de vida a los campesinos a demanda según requería el mercado.

Este proceso de expulsión de los campesinos libres de sus condiciones de vida precedentes y de sus tierras les avocaba a una situación muy difícil. Los expulsados de sus tierras no podían ser absorbidos tan rápido como aparecían por la producción manufacuradora, naciente en ese entonces. Se veían abocados a ser mendigos, ladrones y vagabundos.

Las personas expulsadas de las tierras que antes trabajaban no podían adaptarse de forma tan súbita a las nuevas condiciones que les imponían. Así se explican las legislaciones contra la vagancia de los siglos XV y XVI (impuestas primero por el antiguo régimen en rechazo a estos campesinos que rechazaban estas nuevas condiciones de vida). Por ejemplo, en 1530 (bajo Enrique VIII), se aprobó que si se es mendigo y se está en edad de trabajar debe realizarse una flagelación y encarcelamiento a este tipo de vagabundos. Luego esta ley sufrió cambios para ser más severa.

«De esta suerte, la población rural, expropiada por la violencia, expulsada de sus tierras y reducida al vagabundaje, fue obligada a someterse, mediante una legislación terrorista y grotesca y a fuerza de latigazos, hierros candentes y tormentos, a la disciplina que requería el sistema del trabajo asalariado.»15

En los inicios de la vida de la clase trabajadora esta constituye una parte muy pequeña de la población y su antagonismo con el capital aún no está plenamente realizado al no constituir esta contradicción la principal en el modo de producción feudal, por lo que socialmente el propietario de la manufactura («los maestros») y el trabajador se encontraban bastante cercanos.

Con todo esto tenemos ahora presente el cómo se impuso a las masas populares la condición de proletariado, pero de la acumulación de tierras sólo derivan directamente grandes terratenientes, no grandes capitalistas. Lo que no se muestra tan evidentemente es que la acumulación de tierras provoca el cubrir en mayor medida (y mayor producto proporcionalmente a los avances técnicos de cultivo) las necesidades de suministros, pudiendo usar el excedente después del consumo personal para contratar a nuevos proletarios para trabajar en nuevas industrias (lanera, minera…) que se poseen o se pueden poseer dado el poder adquisitivo de estas clases; se centraliza la propiedad de los medios de subsistencia, se realizan las mercancías mediante pagos nacientes del salario de nuevos trabajadores (expulsados del campo o nacidos de otros proletarios) y nacen, entonces, del gran terrateniente los grandes capitalistas en este proceso de mediación entre la realidad, las relaciones de propiedad y las clases nacientes y murientes.

«¿En qué se resuelve la acumulación originaria del capital, esto es, su génesis histórica? En tanto no es transformación directa de esclavos y siervos de la gleba en asalariados, o sea mero cambio de forma, no significa más que la expropiacion del productor directo, esto es, la disolución de la propiedad privada fundada en el trabajo propio. La propiedad privada del trabajador sobre sus medios de producción es el fundamento de la pequeña industria, y la pequeña industria es una condición necesaria para el desarrollo de la producción social y de la libre individualidad del trabajador mismo.[Este modo de producción sólo] florece […] allí donde el trabajador es propietario privado libre de sus condiciones de trabajo, manejadas por él mismo: el campesino, de la tierra que cultiva; el artesano, del instrumento que manipula como un virtuoso.

«Este modo de producción supone el parcelamiento del suelo y de los demás medios de producción. Excluye la concentración de éstos, y también la cooperación, la división del trabajo dentro de los mismos procesos de producción, el control y la regulación sociales de la naturaleza, el desarrollo libre de las fuerzas productivas sociales. Sólo es compatible con límites estrechos, espontáneos, naturales, de la producción y de la sociedad. Al alcanzar cierto grado de su desarrollo, genera los medios materiales de su propia destrucción. A partir de ese instante, en las entrañas de la sociedad se agitan fuerzas y pasiones que se sienten trabadas por ese modo de producción. Éste debe ser aniquilado, y se lo aniquila. Su aniquilamiento, la transformación de los medios de producción individuales y dispersos en socialmente concentrados, y por consiguiente la conversión de la propiedad raquítica de muchos en propiedad masiva de unos pocos, y por tanto la expropiación que despoja de la tierra y de los medios de subsistencia e instrumentos de trabajo a la gran masa del pueblo, esa expropiación terrible y dificultosa de las masas populares, constituye la prehistoria del capital. Comprende una serie de métodos violentos, de los cuales hemos pasado revista sólo a aquellos que hicieron época como métodos de la acumulación originaria del capital. La expropiación de los productores directos se lleva a cabo con el vandalismo más despiadado y bajo el impulso de las pasiones más infames, sucias y mezquinamente odiosas. La propiedad privada erigida a fuerza de trabajo propio; fundada, por así decirlo, en la consustanciación entre el individuo laborante independiente, aislado, y sus condiciones de trabajo, es desplazada por la propiedad privada capitalista, que reposa en la explotación de trabajo ajeno, aunque formalmente libre. No bien ese proceso de transformación ha descompuesto suficientemente, en profundidad y en extensión, la vieja sociedad; no bien los trabajadores se han convertido en proletarios y sus condiciones de trabajo en capital; no bien el modo de producción capitalista puede andar ya sin andaderas, asumen una nueva forma la socialización ulterior del trabajo y la transformación ulterior de la tierra y de otros medios de producción en medios de producción socialmente explotados, y por ende en medios de producción colectivos, y asume también una nueva forma, por consiguiente, la exproplación ulterior de los propietarios privados. El que debe ahora ser expropiado no es ya el trabajador que labora por su propia cuenta, sino el capitalista que explota a muchos trabajadores. Esta expropiación se lleva a cabo por medio de la acción de las propias leyes inmanentes de la producción capitalista, por medio de la concentración de los capitales. Cada capitalista liquida a otros muchos. Paralelamente a esta concentración, o a la expropiación de muchos capitalistas por pocos, se desarrollan en escala cada vez más amplia la forma cooperativa del proceso laboral, la aplicación tecnológica consciente de la ciencia, la explotación colectiva planificada de la tierra, la transformación de los medios de trabajo en medios de trabajo que sólo son utilizables colectivamente, la economización de todos los medios de producción gracias a su uso como medios de producción colectivos del trabajo social, combinado. Con la disminución constante en el número de los magnates capitalistas que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de trastocamiento, se acrecienta la masa de la miseria, de la opresión, de la servidumbre, de la degeneración, de la explotación, pero se acrecienta también la rebeldía de la clase obrera, una clase cuyo número aumenta de manera constante y que es disciplinada, unida y organizada por el mecanismo mismo del proceso capitalista de producción. El monopolio ejercido por el capital se convierte en traba del modo de producción que ha florecido con él y bajo él. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que son incompatibles con su corteza capitalista. Se la hace saltar. Suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.

«El modo capitalista de producción y de apropiación, y por tanto la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad privada individual, fundada en el trabajo propio. La negación de la producción capitalista se produce por sí misma, con la necesidad de un proceso natural. Es la negación de la negación. Ésta restaura la propiedad individual, pero sobre el fundamento de la conquista alcanzada por la era capitalista: la cooperación de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y sobre los medios de producción producidos por el trabajo mismo.

«La transformación de la propiedad privada fragmentaria, fundada sobre el trabajo personal de los individuos, en propiedad privada capitalista es, naturalmente, un proceso incomparablemente más prolongado, más duro y dificultoso, que la transformación de la propiedad capitalista, de hecho fundada ya sobre el manejo social de la producción, en propiedad social. En aquel caso se trataba de la expropiación de la masa del pueblo por unos pocos usurpadores; aquí se trata de la expropiación de unos pocos usurpadores por la masa del pueblo.»16

El proceso de circulación

El ciclo de producción

Basándonos en todo lo expuesto hasta aquí, debemos empezar a plantear cómo se esquematiza el proceso de producción, es decir, qué momentos lógicos tiene el proceso de producción desde el punto de vista del capitalista industrial.

El capitalista industrial empieza el proceso teniendo un capital dinerario particular, es decir, un cierto dinero del que dispone y que luego transformará en capital productivo, pero el dinero no son capital constante ni variable. Por ello, el primer movimiento es una simple compra de mercancías, pero unas mercancías muy particulares. El primer movimiento es de la forma de D−MD – M en la medida que MM está compuesta por medios de producción y fuerza de trabajo. Para expresarlo en el esquema lo denominaremos D−M[MdPyFdT]D – M [MdP y FdT].

Una vez tenemos las mercancías debemos ponerlas en movimiento, es decir, usarlas. Con ello entramos en el proceso de producción propiamente dicho, el que está compuesto por el proceso de trabajo y el proceso de valorización. Este proceso de producción es una pausa al ciclo, donde el capitalista debe esperar a que los trabajadores trabajen, es decir, que creen nuevos productos (bajo sus órdenes) y transmitan los valores a las mercancías finales (el trabajo como útil y, a la vez, como abstracto, como valor). Por ello denominaremos a este movimiento M[MdPyFdT]...PM [MdP y FdT] … P. Los puntos suspensivos representan un tiempo indeterminado entre la posesión de las mercancías y su uso, que puede variar de forma significativa entre industrias y legislaciones.

Una vez terminado el proceso productivo se han creado nuevas mercancías con un valor mayor al adelantado por el capital mercantil anterior. Esto se debe a que, además del valor que representan el capital constante (medios de producción) y capital variable (fuerza de trabajo), también se ha cristalizado en estas mercancías el plusvalor. Entonces, para diferenciarlo de las mercancías previas al proceso de producción, lo denominaremos M′M’, el cual se encuentra en un movimiento tal que P...M′P … M’, pues contiene un tiempo igualmente indeterminado entre el proceso de producción y la posesión de las nuevas mercancías contenedoras de plusvalor nuevo. La representación algebraica de este resultado es tal que D+pv=D′D + pv = D’, y a la vez nos resulta en que pv=D′−Dpv = D’ – D (como resta), pv=difDpv = difD (diferencia entre el dinero final y el inicial).

Finalmente debemos volver donde empezamos, pero esta vez en sentido opuesto, debe ejercer el capitalista una venta de mercancías que le dejará con más capital dinerario que con el que empezó al realizar venta de mercancías con más valor. Por ello el movimiento, simplemente, es de M′−D′M’ – D’, donde D′D’ puede dar paso a un nuevo ciclo de producción igual o ampliado.

El ciclo de producción, en su conjunto, entonces se nos expresa como todos estos momentos concatenados, o sea, D−M[MdPyFdT]...P...M′−D′D – M [MdP y FdT] … P … M’ – D’ o también expresado, simplemente, como D−M...P...M′−D′D – M … P … M’ – D’.

Capital fijo y capital circulante

A la hora de invertir el capital dinerario DD en las mercancías compuestas en medios de producción y fuerza de trabajo M[MdPyFdT]M [MdP y FdT], la compra de medios de producción (con el capital dinerario dedicado al capital constante) se escinde en dos elementos que antes ya adelantábamos como maquinaria y materias primas. Es una forma introductoria a los conceptos que aquí desarrollaremos.

La maquinaria, junto con el edificio, almacén, herramienta u oficina que se emplee para ejercer el proceso de producción P, entran evidentemente en el capital constante, y forman parte de este en lo que denominamos capital fijo. El capital fijo es todo aquel que no se consume inmediatamente en el proceso de producción PP, es decir, que sobrevive a varios ciclos de producción.

La materia prima que se emplea en el proceso de producción P, entra también en el capital constante (pues no es parte de la fuerza de trabajo), y forma dentro de este el capital circulante. El capital circulante es todo aquel que se consume o transforma en el proceso de producción PP.

Pongamos un ejemplo simple de un carpintero que produce sillas con madera. La madera la compra y la transforma en partes y elementos que, luego, juntándolos con clavos y encajes, forman la silla; la madera no sobrevive al proceso de producción PP, sino que muta en otro objeto completamente distinto. La sierra que usa para talar la madera, la regla para medir las proporciones y distancias, el edificio en el que ejerce este trabajo y la ropa que lleva para ejercer este trabajo son todo elementos que se mantienen tras el proceso de producción PP de una, diez y mil sillas; la sierra, la regla, el edificio y la ropa son entonces capitales fijos, y la madera, clavos y encajes constituyen los elementos del capital circulante.

El valor que se transmite de un capital constante a las mercancías finalmente producidas es diferente si es de un capital fijo o de un capital circulante. El capital circulante, al consumirse de forma íntegra en el proceso de producción PP, transmite todo su valor a la mercancía final, mientras que el capital fijo lo hace en proporciones equivalentes en su vida útil esperada.

Por ejemplo, si se usa una máquina (o cualquier otro elemento del capital fijo) con vida útil de 20 años y se trabaja, por simplificar, 250 jornadas laborales de 8 horas al año, entonces el valor se debe distribuir de forma equitativa entre 20an~os∗250jornadas∗8horas=40000horas20 años * 250 jornadas * 8 horas = 40000 horas. El valor total de la máquina se transmitirá equivalentemente a las mercancías que ayude a producir en proporción a las horas (o minutos/segundos) que requieran de su uso para ellas en promedio.

La circulación como concepto

El ciclo de producción D−M[MdPyFdT]...P...M′−D′D – M [MdP y FdT] … P … M’ – D’ conlleva, en su interior, a su complemento necesario. Si tomamos el punto medio, el proceso de producción P, como premisa y conclusión de otro ciclo, entonces nos quedamos con el ciclo de circulación P...M−D−M′[MdPyFdT]...PP … M – D – M’ [MdP y FdT] … P donde MM es lo producido tras el proceso de producción inicial PP, DD el capital dinerario resultante de la venta de lo producido MM, M′M’ lo que se compra con el capital dinerario DD que vuelve, finalmente, a ser proceso de producción segundo PP, que comparte nomenclatura con el inicial porque ambos son lo mismo (aunque puede que el segundo esté en dimensión ampliada).

El ciclo de circulación P...M−D−M′[MdPyFdT]...PP … M – D – M’ [MdP y FdT] … P es un proceso distinguido del ciclo de producción D−M[MdPyFdT]...P...M′−D′D – M [MdP y FdT] … P … M’ – D’, en primera instancia, porque los elementos que los componen están desplazados. En segunda instancia, porque el objetivo del ciclo es completamente distinto; el ciclo de producción tiene como objetivo volver a tener capital dinerario y que este sea mayor del que se adelantó en primera instancia, mientras que el ciclo de circulación tiene como objetivo volver al proceso de producción, lo cual se consigue sólo en la medida en que las ventas y compras se realicen y con una agilidad que dependerá de este ciclo.

El ciclo de circulación está compuesto por los trabajadores (comerciales, transportistas de tierra, mar y aire, mozos de almacén…) que mueven las mercancías de manos y los capitalistas que las compran y venden determinando, en el acto de compraventa, el lugar al que moverán los trabajadores esas mismas mercancías, el cual tomará un determinado tiempo físico para realizar dicho movimiento. Estos tiempos físicos, de reuniones, transporte, almacenamiento y similares, es el tiempo de circulación, y es un interludio en el cual las mercancías y el dinero están moviéndose par prepararse para ponerse en el proceso de producción o bien para ser consumidas de forma no productiva (compra de supermercado, por ejemplo).

Durante este tiempo de circulación se producen gastos que denominamos gastos de circulación, que son todos los costes relativos a los tiempos de compra y venta, toda la gestión de la contabilidad del capital (la «microeconomía»), los salarios de los trabajadores del ámbito de circulación, la estabilidad del dinero, conservación y acopio de mercancías en almacenes y, finalmente, el coste del transporte.

La rotación del capital

Como ya apuntábamos antes, el proceso de producción también tiene un tiempo de producción determinado, y es en su unión con el tiempo de circulación que nos encontramos con una medida para empezar a medir la velocidad o lentitud de compraventas y producción. La suma del tiempo de producción y el tiempo de circulación nos da el tiempo total que se tarda en hacer una rotación del capital.

La proporción en la que haya más o menos tiempo de producción que tiempo de circulación obligará al capitalista tomar unas medidas u otras. Un tiempo de producción corto y un largo tiempo de circulación implica que el capitalista debe adelantar el capital dinerario durante bastante tiempo hasta que vuelva a tenerlo y tener almacenadas las mercancías que aún no se venden (acopio), mientras que a la inversa (un tiempo de producción largo y un tiempo de circulación corto) implica que el capitalista debe aguantar en el proceso de producción un cierto tiempo y que, una vez acabado, la mercancía se convertirá en dinero de vuelta con agilidad. Dicho en otros términos, el tiempo de circulación no ayuda a la autovalorización del capital, por lo que le interesa al capitalista industrial que este tiempo de circulación sea el menor posible17.

A la vez, los dos tiempos pueden resolverse en una simultaneidad de ambos. Se puede producir una mercancía y vender otra antes producida a la vez. Se concatenan ciclos de producción y ciclos de circulación de forma conectada y, a la vez, aislada. Este hecho conlleva una inversión mayor de capital y, a la vez, una entrada menor pero más fluida de este en cuanto a capital dinerario de vuelta, que conlleva ámbitos especializados, es decir, un estadio de desarrollo en el que la división social del trabajo ha hecho entre sí independientes los trabajadores industriales y los trabajadores de la circulación. Además, pueden incluso circular mercancías aún no producidas con pagarés y deudas, que luego desarrollaremos.

A modo de ejemplo reciente e ilustrativo, el bloqueo del Canal de Suez en Marzo de 2021 aumentó de forma significativa el tiempo de circulación y amplió los costes que conllevaban los transportes marítimos limitando la conexión europea con las rutas asiáticas, el oeste africano y la totalidad de las oceánicas, pues tuvieron que aumentar su recorrido, pagar los sueldos de acorde, el carburante y las posibles pérdidas por materias que podrían caducar como verduras y carne. Fue un destiempo que hizo que el mercado de toda la zona europea se tambaleara más de lo que ya se tambaleaba dada la crisis de 2020. De igual forma se podría provocar tal tambaleo con un incidente a gran escala en el estrecho de Gibraltar.

Finalmente, anotar que si un capital hace una rotación completa en medio año significa que el capital puesto en movimiento es mayor que en un capital con rotación más longeva en relación al tiempo. Rotar más lento implica que se tenga que rotar en mayor cantidad si, al cabo de un año, se pretende haber puesto en movimiento un mismo capital.

Realización del plusvalor

A la hora de plantear la realización del plusvalor en la esfera de la circulación mediante la venta de las mercancías fecundadas con nuevo plusvalor puede parecer que este plusvalor va, íntegramente, al capitalista que las haya producido. Como veremos más tarde, también se reparte con el capitalista que haya puesto en movimiento todo lo proporcional a la parte de circulación. Pero la cuestión ahora relevante es que este plusvalor no va íntegramente al capitalista que haya producido las condiciones que han favorecido que se haya apropiado esas mercancías. Se reparte.

El repartimiento del plusvalor, aún independientemente de tasas de ganancia que luego desarrollaremos, es una necesidad para la clase capitalista. Por ejemplo, el Estado, como órgano de gestión de los capitalistas, es íntegramente plusvalor, es decir, es constantemente pagado por la parte impaga que se apropian los capitalistas con tal de tenerlo por encima de ellos, gestionándolos para seguir unas normas pactadas entre ellos (muchas veces en condiciones de desigualdad) y mantener cierta estabilidad social sin la que no podrían entrar en el proceso de producción de mercancías.

Al invertir capital se busca producir plusvalor, y esta producción y apropiación de plusvalor será más rápida o lenta dependiendo de la rotación. Si el plusvalor equivale al capital variable por la tasa de plusvalor pv=v∗pv′pv = v * pv’ y el capital variable aumenta o disminuye en relación a las rotaciones que se efectúen a lo largo del año, entonces cuantas rotaciones (o fracciones de rotaciones) se hagan a lo largo del año tendrá una relación directa con el plusvalor resultante de tal ejercicio económico. El número de rotaciones es decisivo a la hora de calcular el plusvalor producido en un año, tal que nºrotaciones∗v∗pv′nºrotaciones * v * pv’.

El proceso global

Valor, precio de costo, ganancia y tasa de ganancia

El valor, tal y como hemos desarrollado hasta aquí, es el trabajo socialmente necesario (o trabajo abstracto), y el valor de una mercancía es el que equivale a la suma del capital constante, variable y plusvalor c+v+pvc + v + pv de la parte proporcional invertida. Equivale al capital adelantado (c+v=C)(c + v = C) para producir dicha mercancía y el plusvalor apropiado pvpv en el proceso de producción, C+pvC + pv.

Entonces tenemos dos partes, lo que le ha costado al capitalista y lo que se ha apropiado de más, el capital adelantado CC y el plusvalor pvpv. Este capital adelantado se denomina precio de costo pc, y es aquello que el capital debe invertir en primera instancia para autovalorizar su valor, que genere nuevo valor.

En un capital particular tendremos el precio de costo pcpc (capital adelantado CC) y el plusvalor pvpv, y de ello podemos sacar una proporción tal que pv/pcpv/pc, es decir, el nuevo valor adquirido entre el valor adelantado, y esto nos dará su tasa de ganancia g′g’. Cabe destacar que la multiplicación de la tasa de ganancia por el precio de costo, g′∗pcg’ * pc equivale, a la vez, al plusvalor pvpv y a la ganancia gg; ambas cosas son la misma sólo que expresadas en distintas instancias.

Si, en cambio, contemplamos diversos capitales dentro de un ámbito productivo o todos los capitales en general (de un país o del mundo entero), entonces sacaremos con la misma fórmula la tasa de ganancia media del ámbito observado.

Precio de producción, precio de mercado, competencia entre mercancías, plusganancia y minusganancia

Una vez tenemos el precio de costo pc y la tasa de ganancia media g’ (aquí la tasa de ganancia en base al precio de costo mundial), podemos plantear cuál es el promedio de lo que cuesta producir un tipo de mercancías, es decir, podemos saber cuál es su precio de producción en base a sumar el precio de costo pc más la ganancia media pc∗g′pc * g’, o sea, que el precio de producción equivalga a pc+(pc∗g′)pc + (pc * g’) o a pc+gpc + g si la ganancia se calcula en base a tal precio de costo.

«A causa de la diferente composición orgánica de los capitales invertidos en diferentes ramos de la producción; por ende, como consecuencia de la circunstancia de que, según el diferente porcentaje que tiene la parte variable en un capital global de magnitud dada, capitales de igual magnitud ponen en movimiento cantidades muy diferentes de trabajo, también se apropian de cantidades muy diferentes de plustrabajo o producen masas muy diferentes de plusvalor. En consecuencia, las tasas de ganancia que imperan en los diversos ramos de la producción son originariamente muy diferentes. Esas diferentes tasas de ganancia resultan niveladas por la competencia en una tasa general de ganancia, que constituye el promedio de todas esas diferentes tasas de ganancia. La ganancia que con arreglo a esta tasa general de ganancia, corresponde a un capital de magnitud dada, cualquiera que sea su composición orgánica, se denomina la ganancia media.»18

Sabemos que no todos los distintos capitales se rigen por las mismas medidas de explotación laboral, por los mismos valores invertidos en capital constante y variable y en la misma proporción. Justamente el modo capitalista, como más tarde desarrollaremos más, se caracteriza por hacer de esta desigualdad entre capitalistas un rasgo y no un error. El libre mercado es supuestamente libre porque hace colisionar como iguales a dos sujetos que no lo son en absoluto, ya sea entre capitalistas o entre capitalista y trabajador.

Para seguir, debemos dejar claro el cómo se determinan los precios de las mercancías en base a la competencia, posterior (y no anterior) a la determinación del valor por el trabajo en los medios de producción. Supongamos muchos productores que hacen un mismo modelo (color, forma, material… específico) de mercancía. En el mercado, como es de esperar, se empezará vendiendo la que es más barata, la que implica un menor precio de producción , comprando la barata una tras otra hasta que la demanda social para tal modelo específico de mercancía esté satisfecha.

El precio al que se venderán todas será al precio de producción de la que se haya vendido más cara, es decir, la que se compró primera por barata será vendida al precio de la cara, y todo ese margen será la ganancia bruta que conllevará tal mercancía, mientras que la última que se ha vendido no generará beneficio alguno y las que no se han vendido harán que no se consuman, que incurran en pérdidas la empresa que las ha puesto al mercado. Por esto mismo es una característica del modo de producción capitalista la sobreproducción, ya sólo por la determinación del precio.

Un ejemplo que hoy se tiene en mente al hablar de este modelo de mercado es el del pool eléctrico, por ejemplo; primero se venden las energías que incurren en menores precios de producción, las que no se pueden apagar sin más, la nuclear, hidráulica, eólica, solar, térmica, y luego se venden las que sí pueden activarse o no activarse, como la biomasa, los ciclos combinados y el gas, y al tener que depender del gas lo que nos implica es que compraremos las energías baratas a ese mismo precio; esta determinación de precio de mercado se hace cada hora. No obstante, hace falta anotar que esta determinación de precios de mercado, los precios de venta al público, es una faceta que está presente en todas las mercancías producidas bajo el modo de producción capitalista. Verduras, frutas, procesados alimentarios, objetos diversos, maquinaria, etc.

Las diversas mercancías que se han logrado vender por encima de su precio de producción incurrirán en ganancias, y dependerá de si esa ganancia, relativa al precio de producción de su mercancía, está por encima o por debajo de la media de todas las vendidas que implicarán una plusganancia o una minusganancia.

El objetivo del proceso capitalista y la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia

El objetivo del modo de producción capitalista, en su producción y circulación, es la obtención máxima de esta ganancia (o sea, plusganancia), de beneficios extraordinarios, de venta de una mercancía por encima del valor social que ha costado en relación con el valor individual que tiene incorporado.

Para ello, los capitales particulares, como tendencia general, invertirán parte de sus beneficios, de sus ganancias, para reducir el precio de producción de sus mercancías, ya sea mediante la brutal y cruda explotación laboral o mediante una inversión en aumentar la productividad relativa al capital constante invertido; nos centraremos en la segunda.

Se busca aumentar la productividad relativa al capital constante invertido, es decir, producir más mercancías y que estas, en promedio, encarnen una menor porción de precio de producción unitario; si son más baratas se conseguirá una mayor plusganancia si se venden al mismo precio de mercado.

Tal aumento de productividad se puede lograr mediante un aumento de las revoluciones de los motores, variar la frecuencia con la que se trabaja, automatizar el proceso productivo (y de circulación), investigar nuevas tecnologías que faciliten el desarrollo productivo, disminución del valor de la maquinaria, cambiar la disposición y relación de máquinas en la fábrica… Es decir, aumentar la inversión en capital constante, aumentar su proporción dentro del precio de producción, o en otros términos, aumentando la composición orgánica del capital, pues el aumento de inversión en capital constante no es proporcional al aumento (si es que aumenta tan siquiera) de inversión en capital variable.

Con tal inversión ahora se producirán mercancías que conllevarán una mayor plusganancia si se venden al precio de mercado anterior. Pero tal inversión y posible aumento de producción de mercancías puede hacer que las que antes determinaban, por su precio de producción, el precio de mercado de todos los modelos iguales de mercancías ahora queden excluidas (porque no hay tal demanda social) y el precio de producción que determine el precio de mercado sea uno menor, disminuyendo así la plusganancia a obtener de forma significativa.

Este movimiento, una vez generalizado como el movimiento propio de todos los capitales, es decir, considerando (1) la composición orgánica de capital y (2) la tasa de ganancia media, nos expresa la ley a la que tiende el modo de producción capitalista. La tasa de ganancia media disminuirá (no de forma necesariamente lineal) a medida que evolucione la producción capitalista, que requerirá además crecientes sumas de capital para empezar tan siquiera una empresa. Es a este movimiento que denominamos tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Puede parecer que esta ley niega la ley del valor, pues pareciera que el plusvalor (ganancia) no es más que determinado por la competencia y no por el trabajo, pero esto no contempla el hecho de que lo que posibilita esta competencia es el hecho de que todas las mercancías, incluido el plusproducto (o la proporción de plusproducto que habría en cada mercancía), son pagadas pues se venden las mercancías como si todo el trabajo estuviera pagado aunque no sea así. La plusganancia no quita la ganancia (plusvalor) regular; la minusganancia sí que hace que parte de ella deba rechazarse para realizar las mercancías (como valores de cambio) en dinero.

El capital comercial y la ganancia desarrollada

Como ya avanzábamos antes, llega un punto en el modo capitalista de producción en el que la dinámica de la división social del trabajo se traslada incluso al capital como concepto. Unos capitales se centrarán en la producción, es decir, en la obtención de capital constante y variable para empezar un proceso productivo (con su proceso de trabajo y proceso de valorización) para concluir tal proceso con unas mercancías que encarnan el capital invertido y el plusvalor extraído c+v+pvc + v + pv. Otros capitales se centrarán en los otros procesos, en los procesos de circulación y movimiento de mercancías, ya sea por parte de las mercancías resultantes del proceso de producción como por parte de lo que luego será capital constante e incluso capital variable. Estos segundos son denominados capitales comerciales.

«Cuanto más desarrollada se halle la escala de la producción, tanto mayores aunque en modo alguno de manera proporcional son las operaciones comerciales del capital industrial, vale decir también el trabajo y los restantes costos de circulación para la realización del valor y del plusvalor. De ese modo se torna necesario el empleo de asalariados comerciales, quienes constituyen la oficina propiamente dicha. El desembolso por ellos, aunque se lo efectúa en la forma de salarios difiere del capital variable desembolsado en la compra de trabajo productivo. Incrementa los desembolsos del capitalista industrial, la masa del capital que hay que adelantar sin incrementar directamente el plusvalor.»19

El capital comercial es compuesto por el capital constante KK (almacenes, transportes, etc), el capital variable para realizar estos movimientos bb (transportistas, comerciales, mozos de almacén) y las mercancías que se van a mover (y que deben ser compradas en primera instancia al capital productivo) BB. Todos estos elementos se expresan en lo que antes denominamos como costes de circulación, costes que adelanta el capital comercial, cuya fórmula ahora encontraremos como K+b+BK + b + B (constante + variable + mercancías).

Si tomamos en consideración esta división social del capital entre productivo y comercial, el hecho de que ambos deben hacer inversiones de capital para conseguir su cometido y que, en su unidad, completan el ciclo de producción y circulación (es decir, el ciclo D−M...P...M′−D′D – M … P … M’ – D’ y el ciclo P...M−D−M′...PP … M – D – M’ … P, ambos de ahora en adelante ciclo capitalista) y, además, que ambas inversiones de capital se vuelven entonces necesarias para el ciclo capitalista, nos resulta entonces insuficiente la tasa de ganancia expresada como pvpc si es tomada desde el punto de vista únicamente productivo. No basta con producir la mercancía, sino que también es necesario venderla.

Así pues, la fórmula debe desarrollarse un paso más. Antes ya avanzábamos que el plusvalor sólo existe y se produce en el proceso de producción (como resultado del proceso de valorización específicamente capitalista), pero es el precio de costo que toma la función de denominador (divisor) el que debe contemplar ambos precios de coste, el productivo y el comercial. Así pues, el denominador real de la tasa de ganancia es lo que compone el precio de costo productivo (c+v)(c + v) y el precio de costo comercial (K+b+B)(K + b + B), el precio de costo del capital global. La fórmula de la tasa de ganancia global actualizada sería pv[c+v]+[K+b+B]\frac{pv}{[c + v] + [K + b + B]}, pvpcProd+pcCome\frac{pv}{pcProd + pcCome} o, en resumen, pvpcGlobal\frac{pv}{pcGlobal}.

Cada parte que compone el precio de costo global, es decir, la suma del precio de costo productivo y el precio de costo comercial, hace influir ganancia a su capital. El capital productivo consigue una ganancia equivalente a pvpcProd+pcCome∗pcProd\frac{pv}{pcProd + pcCome} * pcProd llamada ganancia productiva, y el capital comercial consigue una ganancia equivalente a pvpcProd+pcCome∗pcCome\frac{pv}{pcProd + pcCome} * pcCome llamada ganancia comercial.

La consecuencia de esto no es nueva. Si se reduce el precio de costo comercial y se mantienen los demás valores entonces aumenta la tasa de ganancia global. Si, en cambio aumenta el precio de costo comercial, este se comerá mayor cantidad y proporción de ganancia como ganancia comercial. De ahí que entre en el interés del industrial que se disminuyan los costes de circulación, pues con tal hecho aumentará su proporción de ganancia.

Capital usurero y capital bancario, ganancia empresarial e interés

La mencionada división social del capital, que ha dividido como hemos observado el capital en productivo y comercial, no se limita ahí. Además, hay un capital que nació independientemente desde la antigüedad y ha evolucionado hasta hacer nacer el capital bancario tal y como lo conocemos; el capital usurero.

El capital usurero es un capital especial. Incluso en textos de Aristóteles encontramos referencias a la usura como un elemento despreciable y peligroso, contrario a la naturaleza y a la moral, y es que hacía dinero del dinero. Es decir, adelantaba un capital para que luego se lo devolviesen con creces.

El esquema lógico de la usura es relativamente simple; D−D′D – D’. No se compra nada ni se vende nada, se da un capital para que luego este refluya crecido. Históricamente, la usura se veía de forma enormemente negativa porque depender de un préstamo de un usurero implicaba una cuestión revolucionaria a nivel histórico: el que pedía el préstamo debía obtener el objetivo capitalista, es decir, emplear el capital que se había conseguido por el usurero y acrecentarlo, extraer plusvalor de donde pudiera (pues las relaciones capital-trabajo no eran entonces las dominantes), lo cual destruía en parte los modos de producción antiguos. Ese es el elemento revolucionario de la usura y, a la vez, la razón del odio a esta. Los aristócratas franceses también le tenían miedo a los revolucionarios de 1789, al igual que los burgueses y terratenientes rusos a los bolcheviques.

A medida que avanzaron los distintos modos de producción, la usura seguía imponiendo al prestatario (persona que pide un préstamo) el objetivo capitalista. Llegó un punto donde el capital usurero podía empezar a emplearse en grandes cantidades y, con ello, nació el capital bancario, un capital que centralizaba la contabilidad y logística del dinero, que emitía moneda y billetes y que en base a esos signos de dinero, es decir, como representante de dinero de otro lado, probablemente oro o, actualmente, confianza en estabilidad (modelo FIAT), permitía el comercio de una forma mucho menos engorrosa y pesada (pues el papel pesa mucho menos que el oro).

Una ventaja que tenían los capitales bancarios respecto a los capitales usureros es que los bancos tenían en su posesión el billete, era representación de su propiedad (el oro, por ejemplo) y podían agilizar los procesos y movimientos de mercancías con pagarés y letras de cambio, promesas de pago en el tiempo (o sea, medio de pago, pero aún más desarrollado que con monedas). Con una misma cantidad de dinero podían efectuar muchísimas más operaciones que el usurero, pues este requería tener todo el dinero que prestaba, mientras que el banco permite el uso de estos pagarés y letras de cambio que, en general, pueden neutralizarse unas a otras y resultar en un movimiento de capital ficticio.

Más tarde, al hablar del capital imperialista, desarrollaremos más los capitales bancarios y su centralidad en el modo de producción contemporáneo como elemento profundamente capitalista.

Volvamos a la consideración de un capitalista individual. Digamos que este tiene que ir a un usurero o a un banco para conseguir el dinero que luego invertirá como capital en sus partes constantes y variables. Tras el proceso de producción obtiene mercancías cuyo valor consiste en c+v+pvc + v + pv, el cual consigue vender completamente. El capitalista debe ahora devolver (suponemos que parcialmente) el préstamo inicial, y esa devolución se realizará con el plusvalor. La tasa de ganancia pvpc\frac{pv}{pc} ahora tiene un añadido que la completa más aún: el interés del préstamo y su paulatina (o íntegra) devolución. La ganancia se divide, ahora, en dos partes; el interés y la ganancia empresarial.

Debe considerarse que la inflación, históricamente ligada al movimiento de oro entre bancos de diversos países y luego a la estabilidad política, es una forma del interés por parte del capital bancario, que gestiona la moneda y el billete y el valor que representan, al igual que el tipo de interés al determinar el interés añadido a las prestaciones y créditos bancarios, todos ellos elementos para acelerar los movimientos de capitales en las transacciones individuales y la gestión de las acciones.

La renta de la tierra

El modo de producción capitalista, al desarrollarse y expandirse a todos los ámbitos de la vida humana permea también el ámbito del cultivo de la tierra, de la agricultura, trabajada por el campesinado y los labradores, que sustituyen los modos de producción anteriores.

La forma que toma el proceso de producción capitalista en la agricultura es específico, centrándolo a la ya desarrollada competencia entre mercancías. Para determinar el precio de producción de los cultivos debe valorarse la inversión en capital constante y variable y un elemento que es aparentemente independiente de los factores hasta aquí discutidos: la fertilidad de la tierra y su favorable ubicación. Las tierras más fértiles producirán mayor cantidad de cultivos que las menos fértiles, al igual que las tierras con una ubicación más provechosa (por periodicidad de lluvias o existencia de canales de riego) respecto a una ubicación menos provechosa. Por simplificar, hablaremos sólo de fertilidad, pero esas conclusiones son extrapolables al ponerse relativas a la ubicación.

Supongamos tierras de diversos propietarios, todas ellas en competición unas con otras; las que consigan que con una inversión menor producir una proporción mayor de mercancías conseguirán que su precio de producción sea menor y que, una vez se cubra la demanda social y se determine el precio de mercado, las que hayan producido por debajo del precio de mercado incurrirán en plusganancias, que en esta forma específica se denominan renta diferencial de la tierra.

Esta renta de la tierra, como desarrollaremos más posteriormente, es apropiada no por capitalistas, sino por una tercera clase: los terratenientes.

Un mismo terrateniente puede tener diversas tierras con fertilidades diferentes, la cual es una cuestión geológica independiente de la voluntad de los hombres. La fertilidad media de las tierras debe ser balanceada, siendo las tierras de una fertilidad determinada más predominantes que otras por la simple extensión de estas. Los conjuntos de tierras que, en promedio, tengan mayor fertilidad, es decir, que con una misma inversión se produzcan mayor cantidad de productos iguales, entonces estos conjuntos de tierras producirán plusganancias.

«Ganancia (ganancia empresarial más interés) y renta son nada más que formas peculiares que asumen partes especiales del plusvalor de las mercancías. La magnitud del plusvalor es el límite que se opone a la suma de magnitudes de las partes en que se puede descomponer. Por ende, ganancia media más renta son iguales al plusvalor.»21

Las clases y sus relaciones

Tras todo lo desarrollado, nos encontramos ante la conclusión de la existencia de tres clases sociales en el modo de producción capitalista: los burgueses, personificación del capital; el proletariado, desposeídos excepto de sí mismos; los terratenientes, poseedores de tierras.

En el proceso de producción, el burgués le extrae al proletariado el plusvalor, producto por el que no paga ningún equivalente, y tras este proceso de producción este plusvalor se divide y reparte entre distintos agentes: el capital productivo se queda una parte, al igual que el capital comercial, el capital usurero o bancario se queda la parte de interés, el terrateniente (que ofrece al modo de producción capitalista la parte más inmediatamente natural) se queda la parte de la renta de la tierra. La proporción con que se quedan cada parte depende de la inversión relativa al movimiento que ejercen; si la circulación implica una mayor inversión, mayor parte de plusvalor refluirá al capital comercial, y lo mismo aplica a los demás.

Además de su movimiento dentro del ciclo capitalista, cada clase debe sobrevivir, debe consumir, debe recibir algo con lo que poder vivir su vida el resto del día que no están como agentes activos en la producción y circulación capitalista.

«El valor nuevo agregado por el trabajo nuevo agregado anualmente y por ende también la parte del producto anual en que se representa este valor y que puede ser extraída, separada del producido global se descompone, pues, en tres partes que asumen tres formas rediticias diferentes, en formas que expresan una parte de este valor como perteneciendo al poseedor de la fuerza de trabajo o recayendo en él, una parte como perteneciente o tocante al poseedor del capital y una tercera parte que pertenece o al poseedor de la propiedad de la tierra o recae en el mismo. Son éstas, pues, relaciones o formas de distribución, pues expresan las relaciones en que el valor global nuevo generado se distribuye entre los poseedores de las diferentes fuerzas operantes en la producción.

Para la concepción habitual, estas relaciones de distribución se manifiestan como relaciones naturales, como relaciones que brotan sin más ni más de la naturaleza de toda producción social, de las leyes de la producción humana. No puede negarse, por cierto que las sociedades precapitalistas muestran otros modos de distribución, pero se los interpreta como modos no desarrollados, imperfectos y disfrazados, desfigurados de una u otra manera, de aquellas relaciones naturales de distribución; como modos que no están reducidos a su más pura expresión ni a su más alta figura.

[…]

Pero el análisis científico del modo capitalista de producción demuestra, a la inversa, que es un modo de producción de índole particular, de una determinación histórica específica; que al igual que cualquier otro modo determinado de producción presupone, como condición histórica suya, una fase dada de las fuerzas productivas sociales y de sus formas de desarrollo, condición que a su vez es resultado y producto histórico de un proceso precedente y del cual parte el nuevo modo de producción como de su base dada; que las relaciones de producción correspondientes a ese modo de producción específico e históricamente determinado relaciones que los hombres contraen en el proceso de su vida social y en la generación de su vida social tienen un carácter específico, histórico y transitorio, y que, finalmente, las relaciones de distribución son esencialmente idénticas a esas relaciones de producción, un reverso de las mismas, de manera que ambas comparten el mismo carácter históricamente transitorio.»

«Los propietarios de mera fuerza de trabajo, los propietarios de capital y los terratenientes, cuyas respectivas fuentes de ingreso son el s22alario, la ganancia y la renta de la tierra, esto es, asalariados, capitalistas y terratenientes, forman las tres grandes clases de la sociedad moderna, que se funda en el modo capitalista de producción.

Es en Inglaterra, sin disputa, donde la sociedad moderna está más amplia y clásicamente desarrollada en su articulación económica. Sin embargo, ni siquiera aquí se destaca con pureza esa articulación de las clases. También aquí grados intermedios y de transición (aunque incomparablemente menos en el campo que en las ciudades) encubren por doquier las líneas de demarcación. Pero esto resulta indiferente para nuestro análisis. Hemos visto que la tendencia constante y la ley de desarrollo del modo capitalista de producción es separar más y más del trabajo los medios de producción, así como concentrar más y más en grandes grupos los medios de producción dispersos, esto es, transformar el trabajo en trabajo asalariado y los medios de producción en capital. Y a esta tendencia corresponde por otro lado la separación autónoma de la propiedad de la tierra frente al capital y el trabajo [1] o la trasmutación de toda propiedad de la tierra correspondiente al modo capitalista de producción.»23

El proceso imperialista

Del libre comercio al monopolio y la relación con los bancos

El modo de producción capitalista se basa en lo que los marxistas denominamos acumulación, centralización y concentración de capitales. Este proceso es dado las leyes inherentes a este modo de producción que presupone la libre competencia, donde predomina la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, que provoca el derrumbe de los comercios menos competitivos en favor de los más competitivos con sus precios de producción, de donde consiguen plusganancias acrecentadas, al aumento de la composición orgánica de capital (aumento de la presencia de capital constante c en el capital global, c/(c+v)c / (c + v)), la creación y mantenimiento del ejército industrial de reserva (el paro) para ejercer competencia de salarios a la baja, la expulsión aún actual de los campesinos hacia las ciudades… La libre competencia, en conclusión, se desvela luego como el monopolio; ambos momentos, más que opuestos entre sí, están estrechamente conectados por las contradicciones internas de este modo de producción que, tras el movimiento y vida económica a largo plazo, se concatenan en los distintos sectores del mercado.

El modo de producción capitalista, dado el suficiente tiempo, desarrollará los grandes capitales, empresas de las que dependan la mayoría de la producción, recursos y circulación, donde se concentrarán todas las innovaciones y ante las que no se podrá hacer más que adherirse (por compra de empresa) o morir por competencia.

Cuando aún no se habían podido desarrollar estos grandes capitales, los capitales dominantes se empezaron a juntar entre sí para asegurar su posición dominante en sectores específicos de mercado en lo que denominamos como cárteles, lo cual creó la antesala a su asentamiento y unión final como monopolios.

El desarrollo de los monopolios acentúa la contradicción fundamental del capitalismo, la contradicción entre la producción social y la propiedad privada.

La acumulación, centralización y concentración de capitales acelera, además, el capital del que disponen los bancos, que pueden acelerar los procesos de los que se encargan como elementos de la circulación, permitiendo hacer que el capital inactivo de unos pase a ser el capital activo de otros. Además, los grandes bancos consiguen absorber y subordinar, con el tiempo, los bancos pequeños, reproduciendo la dinámica capitalista a la perfección. La creación de grandes bancos, además, asegura el valor de las letras de cambio y pagarés entre capitalistas y con los bancos.

Nacimiento del imperialismo

Los crecientes capitales (productivos, comerciales, terratenientes incluidos; toda la industria) que se encuentran entre sí en el mercado y su interacción cada vez más estrecha con el capital bancario (desarrollado, como hemos visto antes, del capital usurero) dan pie a su unión, que denominamos como capital financiero.

El capital financiero es un capital que nace después de un largo proceso de desarrollo. El capitalismo de libre mercado da pie a la acumulación, centralización y concentración del capital, que conduce a la creación paulatina de cárteles, que con el tiempo se unen definitivamente para definirse finalmente como monopolios, que mantienen una estrecha cooperación con los capitales bancarios hasta que se fusionan ambos.

El ya mencionado momento de fusión entre el capital industrial y el capital bancario se da por el asentamiento de ambos como capitales emisores de acciones en la Bolsa, lugar donde los emisores de acciones y accionistas interactúan. Allí el industrial y el bancario tienen la posibilidad (y la efectúan) de invertir sus capitales dinerarios en acciones del otro, fusionando sus intereses e interacciones en el momento.

Además del capital industrial y el capital bancario, el Estado moderno también emitía bonos del Estado, pagarés y letras de cambio que se equivalían con comprar deuda pública, o lo que vienen siendo acciones del Estado. Con este mismo proceso se fusionaban estos tres elementos del modo de producción actual.

Además de emisión de bonos del Estado y acciones de deuda, el Estado también desarrolló capitales propios (o podía adquirir capitales ajenos y hacérselos propios) con las empresas públicas, que debían regirse igualmente por el motivo capitalista principal, la producción y realización del plusvalor.

Con estos elementos se desarrolló el capitalismo monopolista de Estado, momento en el que los intereses de los grandes capitales industriales, bancarios y estatales se fusionaron para actuar en búsqueda de su máxima intención, el mayor plusvalor posible, la ganancia aún no obtenida, la plusganancia que siempre quisieron. Con todos estos momentos presentes nace la época específica del modo de producción capitalista que denominamos imperialismo.

Dinámicas propias del capital imperialista

Las dinámicas que toman los capitales una vez asentado el modo de producción capitalista en su fase específicamente imperialista son muy variadas, pero están todas ellas estrechamente conectadas.

El imperialismo, con los crecientes capitales financieros, tiene la tendencia a acelerar la concentración de la producción y la circulación, lo que se traduce en que una misma empresa posea otras empresas (o acciones de estas, y en cantidades significativas) que expanden su rango de influencia y poder a la hora de decidir sobre la vida social de miles y millones de personas y las relaciones sociales que estas toman con su entorno. Esta concentración acelerada de la producción y la circulación facilita la extracción y posterior realización del plusvalor para su mismo beneficio, centralizando a dónde refluye este en última instancia.

Además, la fase superior del modo de producción capitalista tiende a acrecentar la tasa de ganancia con la que trabaja al invertir, como antes definíamos como propiedad de esta fase, en los bonos y obligaciones del Estado moderno, pues entonces parte del plusvalor que se alejaría de las manos del capitalista hacia el Estado vuelve finalmente a refluir a él a modo de favores, contrataciones, rescates, subvenciones y privatizaciones.

Esta fase específica del capitalismo, como ya avanzábamos antes, tiene como dinámica propia el hecho de que un capital monopolista tan enorme y poderoso penetra todas las esferas de la vida humana; por ejemplo, la propiedad de cadenas enteras de tiendas con presencia generalizada en todas las ciudades y donde un cambio de política extrapolable a todos estos espacios de economía y socialización implica un cambio en la vida de todas las personas que concurren estos espacios es el poder de cambiar en gran medida la socialización humana en medidas a su favor.

El imperialismo, en última instancia, se debe caracterizar en contraposición y dialéctica continuación a la fase inferior del modo de producción capitalista, al capitalismo librecambista. El capitalismo librecambista basa toda su actividad en la producción y el consumo de sus mercancías, ya sea en el mercado nacional/estatal como en el internacional, haciendo énfasis en el segundo; por ello caracterizamos el capitalismo premonopolista como el modo de producción capitalista con énfasis en la exportación de mercancías. En cambio, el imperialismo no busca exportar necesariamente mercancías, sino que busca lo que le dará mucho más plusvalor que no realizar las que ya ha producido, un plusvalor estanco; buscará exportar capitales en donde, con una misma inversión, consiga mayor proporción de plusvalor, donde la tasa de ganancia media sea mayor, donde exista una tasa de plusvalor (tasa de explotación, pv’ = pv / v) y una menor composición orgánica del capital c/(c+v)c / (c + v) (más favorable para el objetivo último de la obtención de plusvalor). Por ello, el capital financiero invertirá sus capitales en conseguir el dominio de países donde el modo de producción capitalista no esté tan desarrollado como en el país de origen; a esta propiedad del modo de producción capitalista en fase imperialista la denominamos la exportación de capitales. Esta exportación de capitales consigue contrarrestar temporalmente la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, que volverá a descender eventualmente.

Esta situación específica, donde el capital financiero busca países de menor desarrollo tecnológico capitalista para su beneficio, crea una situación particular donde unos países y otros se interrelacionan dependiendo de lo desarrolladas que tengan las dinámicas imperialistas y la medida de estas, y es que los países con los que se invierte, al momento de invertirse, los capitales inversores también buscan fusionarse con los Estados con los que se encuentran, que en consecuencia buscan reproducir aún más las dinámicas imperialistas, con lo que invertirán capitales financieros recientemente nacidos con los Estados que son los orígenes del capital financiero, creando así una red compleja de interrelaciones donde países se especializarán en unos ámbitos particulares de la producción o circulación y otros en otros, creando una situación de estrecha interdependencia desigual; desigual en la medida que el desarrollo de las relaciones imperialistas entre capitales financieros exportador y los importadores no son por el mismo grado de desarrollo de estas relaciones, es decir, que dos capitales no tienen el mismo poder; además, luego los importadores exportarán al exportador original en diferente medida, de ahí el hecho de la interdependencia.

Estas dinámicas, tomadas en cuenta de una forma generalizada y asentada como la relación predominante en todo el mundo, crea un sistema de relaciones interdependientes desiguales que podemos expresar como una pirámide imperialista, donde en la punta tenemos los Estados y capitales financieros que dominan en mayor proporción a los demás con mayores inversiones y poder de decisión y, en la base, los países con una posición inferior serán los países donde la inversión extranjera domine a la propia. Esta misma dinámica da pie a la lucha entre imperialistas, pues los que tienen una mayor posición buscarán defenderla con todo cuanto tengan, mientras que los que tienen una peor posición buscarán subvertirla y alzarse como nuevo rey del mundo, como nuevo demiurgo de la realidad.

Estas dinámicas hasta aquí descritas implican que entre países que antes, bajo el capitalismo premonopolista, estaban separados y que la influencia de uno a otro era relativamente poca, ahora con la conexión estrecha de todo el mundo con las relaciones de interdependencia desigual y la pirámide imperialista los países ya no son independientes y autónomos entre sí, sino justamente lo opuesto. Se internacionaliza y amplía la dominación capitalista con la fase imperialista del modo de producción capitalista.

Se alían y colaboran los países con intereses comunes y posiciones cercanas en la pirámide imperialista, en uniones militares, económicas e incluso políticas, los cuales lucharán con los que tengan el interés opuesto en una encarnizada lucha crecientemente tensa entre imperialistas hasta desembocar en la guerra mundial y la barbarie. SEGUIR CONTRAD INTERNAS

ASOCIACIONES INTERNACIONALES 

Con estas dinámicas presentes defendemos una posición científica respecto al imperialismo, caracterizado de una forma continuista respecto a las dinámicas del capitalismo premonopolista. Caracterizar el imperialismo como países agresores y víctimas no resulta de ningún análisis continuista y científico, y caracterizar el imperialismo como este capitalismo en simple guerra no da cuenta de las transformaciones que se han dado desde la mitad del Siglo XIX.

El proletariado ante el imperialismo

El proletariado se encuentra en el imperialismo como una clase que está perdiendo poder respecto a su enemigo, la naciente o ya asentada clase capitalista financiera. Además, el capital financiero puede usar una técnica para apaciguar al proletariado y limitar tanto su organización como su descontento: la implantación de políticas del bienestar, que buscan demostrar que no hace falta una revolución violenta para acabar con penas particulares del modo de producción capitalista, y la adquisición de cierta parte de la clase trabajadora para que ideológica y materialmente defiendan el sistema actual con tal de que este se perpetúe, con beneficios personales, mayores salarios y similares. Con esto se contextualiza, en parte, el nacimiento de los Estados del Bienestar y de las políticas proteccionistas de mitad del Siglo XX y el establecimiento de la aristocracia obrera como elemento reaccionario del proletariado, que tienen (o eso creen) más a perder en una revolución proletaria que en el modo de producción capitalista. Además, el capital financiero también busca destruir las formas de asociación del proletariado, limitando (legal e incluso ilegalmente) la creación de sindicatos, y si se crean será el trabajo de la aristocracia obrera destruir el elemento combativo que suponen por las condiciones inmediatas de vida del proletariado.

Todas estas formas de lucha que establece el capitalismo específicamente imperialista es dado el hecho de que es un capitalismo ya longevo, que le queda menos vida de la que ya ha vivido. Se encuentra el capitalismo en sus últimas horas, en el momento donde no hay ya países que no entren en las dinámicas imperialistas, donde la expansión siempre encuentra respuesta por parte de contraalianzas imperialistas y no le queda más que la guerra o desaparecer por pérdida de su razón de ser, la apropiación creciente de plusvalor. Se encuentra entonces el capitalismo en su estado muriente. Y es justamente en los últimos ocasos de este donde luchará de forma más violenta y encarnizada, agarrándose de forma ya completamente desesperada a cualquier vestigio de posible vida, donde se desarrollarán las formas más explotativas y especulativas para hacer más dinero del que se tiene.

En las últimas horas del imperialismo, en nuestros días, es la tarea del proletariado armearse con todas sus herramientas y análisis, de toda su fuerza y astucia, de su organización y su valentía. Ante la muerte no dudará el imperialista en recurrir a la cruda violencia del fascismo, históricamente dependiente de las inversiones del capital financiero, ante lo que el proletariado, organizado internacionalmente en Partido Internacional, deberá asentar los golpes que tanto ha deseado desde su misma creación, desde el exilio de los campos a las fábricas, desde la explotación dentro de las fábricas a la explotación de países enteros por recursos anhelados por el beneficio imperialista. Identificar enemigos, ideológica y materialmente, mantener una disciplina de acción y debate, asentar las bases de las relaciones de producción comunistas, expandirlas en todos los ámbitos de la vida (cuyo proceso denominamos como socialismo) y liberar así a la humanidad de la necesidad, destruyendo a su paso la sociedad de clases que ha oprimido al mundo entero durante milenios. Tal es la tarea histórica del proletariado desde la economía política, tarea histórica que concluye con la muerte de la propia condición que define al proletariado, pues dejará de tenerse sólo a sí mismo y estará asociado consigo mismo, pasando al fin al reino de la libertad, el comunismo.

  1. Marx, Karl: Grundrisse o Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política, Introducción. ↩︎
  2. Se expande al respecto en el Documento Didáctico del Bloque de Formación anterior, de Materialismo Histórico. ↩︎
  3. Marx, Karl: El Capital, Libro Primero, Capítulo 1, 3. La forma de valor o el valor de cambio. ↩︎
  4. Trueque como intercambio directo, luego el intercambio concatenado de pasar de una mercancía A a otra B para pasar a una tercera C, luego tomar la mercancía A como equivalente general para todas las mercancías (excepto la A), finalmente usar el oro como mercancía A para llegar al dinero. ↩︎
  5. Más adelante desarrollaremos este concepto. ↩︎
  6. Proporcionalmente. Si se invierte en una máquina que se espera que dure (o que se amortice en) 20 años entonces deberá contarse que añadirá costes durante estos 20 años y en las proporciones adecuadas. Por ejemplo, si vale 5000 de valor y debe durar 20 años, añade un valor (que el trabajador deberá transferir de ella al producto final) de 5000 / (20 * 365) = 0,68 de valor al día. Lo mismo con lotes de materia prima que se gastan lentamente, como los lotes de guantes de seguridad en sectores químicos. ↩︎
  7. Marx, Karl: El Capital, Libro Primero, Capítulo 5, 2. Proceso de valorización. ↩︎
  8. Si trabajar no aportase lo mínimo para reponerse al día siguiente no se podría sobrevivir, ni hoy ni en las sociedades de cazadores-recolectores. ↩︎
  9. Aún así, si no se produjera por encima de lo que se requiere para la reproducción social sino justo lo que se requiere para esta, la explotación capitalista no cesaría. Una parte de la explotación capitalista es la extracción y apropiación de plusvalor, pero también es parte importante de este proceso la enajenación de un producto por el salario, la división social del trabajo y más categorías aún no desarrolladas. Por esta misma razón, no basta con reivindicar salarios justos, los cuales límitan ciertamente el ratio en el que se extrae plusvalor, sino que a la vez hace falta enmendar la totalidad del sistema capitalista de relaciones, que aleja a la clase trabajadora de lo que se produce y de su propia vida. ↩︎
  10. Marx, Karl: El Capital, Libro Primero, Capítulo 9. ↩︎
  11. En relación a esto están las leyes laborales, como el Estatuto de los Trabajadores, que limitan las medidas en las que se permite la explotación laboral, pero que no solventan esta (ni pueden). ↩︎
  12. Marx, Karl: El Capital, Libro Primero, Capítulo 11. ↩︎
  13. Más tarde desarrollaremos más esta contradicción. ↩︎
  14. Marx, Karl: El Capital, Libro Primero, Capítulo 13. ↩︎
  15. Marx, Karl: El Capital, Libro Primero, Capítulo 24. ↩︎
  16. Marx, El Capital, Libro Primero, Capítulo 24.7. ↩︎
  17. El capital industrial es el único modo de existencia del capital que tiene por función no sólo la apropiación del valor sino también la creación del plusvalor. Libro 2, p. 62. ↩︎
  18. Marx, Karl: El Capital, Libro Tercero, Capítulo 9. ↩︎
  19. Marx, Karl: El Capital, Libro Tercero, Capítulo 17. ↩︎
  20. Marx, Karl: El Capital, Libro Tercero, Capítulo 49. ↩︎
  21. Marx, Karl: El Capital, Libro Tercero, Capítulo 51. ↩︎
  22. Marx, Karl: El Capital, Libro Tercero, Capítulo 52. ↩︎

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