Introducción al concepto de la nueva vida social
Introducció
Aquest text, redactat l’abril de 2023, pretenia ser un article publicat en una revista marxista, però finalment no ho van publicar i va quedar al calaix de texts agafant pols. No és el que més orgullós em té, però sí que és interessant al ser de política, de la que realment havia escrit poc en aquest moment.
I. Introducción
Los comunistas tienen un objetivo común: la organización de la clase trabajadora por si misma, en su propio interés, y de acuerdo con su situación en el conflicto de clases, con el objetivo último de suprimirlo.
«La conquista del poder político ha venido a ser, por lo tanto, el gran deber de la clase obrera.»1
Política, la «técnica de la ciudad», la gestión de la vida, el poder sobre el mundo. La clase obrera debe coger las riendas de su propio destino, y eso mismo hizo en 1871 la Comuna de París, ejemplo histórico relevante para empezar a plantear el funcionamiento específico de esta organización.
De ahí se sacaron ya importantes conclusiones organizativas y con un calado político relevante. K. Marx, consciente de ello, no demoró la rendición de cuentas (conceptual), manteniendo los funcionamientos positivos de la comuna y despojando los negativos, planteando la superación de ésta.
«Generalmente, las creaciones históricas por completo nuevas están destinadas a que se las tome por una reproducción de formas viejas e incluso difuntas de la vida social, con las cuales pueden presentar cierta semejanza. Así, esta nueva Comuna, que quiebra el Poder estatal moderno, ha sido confundida con una reproducción de las comunas medievales, que, habiendo precedido a ese Estado, le sirvieron luego de base. […] En realidad, el régimen comunal colocaba a los productores del campo bajo la dirección intelectual de las cabeceras de sus distritos, ofreciéndoles aquí, en las personas de los obreros, a los representantes naturales de sus intereses.
«[La] Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo.»2
«La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal.»3
El movimiento socialista-comunista tuvo grandes debates al respecto, y fue justamente tras 50 años que se veía con claridez qué había resultado efectivamente de tal debate: la posición marxista era la correcta. Los levantamentos de consejos de obreros y de soldados eran innumerables; Rusia, Kiel, Baviera, Hamburgo, Hungría, Italia… Aquí en España tuvimos el trienio rojo, entre 1918 y 1921, y los Partidos Comunistas nacientes los tuvieron fuertemente presentes, tanto en su nacimiento como en su unión, volviendo en Asturias el 1934. Las revoluciones y levantamientos obreros entre 1917 y 1923 fueron la cegadora luz que iluminó los caminos de la historia, aunque con menor éxito del que se esperaban sus mismos protagonistas.
En este pequeño artículo planteo exponer el objetivo de todos los comunistas, clarificarlo, y exponer la tarea que el leninismo practica como enseñanza de éste debate.
II. Fundamento filosófico
Antes de seguir, es importante contemplar cuál es el fundamento filosófico que posibilita la organización de los trabajadores y su movimiento revolucionario. Debemos encerrarnos, antes, en el en si más abstracto, y para ello me ayudaré de la Fenomenología del Espíritu (1807) de G. W. F. Hegel.
La clase trabajadora trabaja, la clase capitalista ordena, esta es la relación simple y fundamental que rige el modo de producción capitalista de la forma más abstracta, y que es aplicable a las sociedades clasistas pasadas cambiando los sujetos adecuadamente. La clase trabajadora, al igual que la clase capitalista, tiene sus necesidades, que consigue de los productos que antes ha producido, pero teniendo que readquirirlos con su sueldo, pues cuando los produce no son suyos, no se apropia directamente lo que ella misma produce.
La clase capitalista es consciente de ello, y es con esta mediación que se apropia del valor de los productos mediante la venta de lo producido, y no sólo del valor éste sino también del plusvalor, valor producido pero no remunerado, la pieza fundamental del crecimiento económico capitalista, origen de las ganancias y beneficios.
Pero la clase trabajadora conoce, sabe cómo funciona aquello que ella ha producido, sabe qué se requiere para ello. Cuando vive, fuera del trabajo, identifica aquello que ella ha producido cuando se lo encuentra, sabe bien que todo cuanto ve ha sido obrado, producido, es decir, que todo en el mundo es fruto del trabajo. Absolutamente todo está mediado por las manos de sus iguales, aunque con conocimientos técnicos diversos. La clase capitalista, en cambio, por si misma no conoce. Ésta se centra, en cambio, en el consumo de lo producido, en la ociosidad, en dirigir y ordenar.
La naturaleza, los objetos del trabajo, todo aquello con lo que la clase obrera trabaja está, más o menos de forma clara, relacionado con la substancialidad de la naturaleza. La madera de los árboles, los minerales que encontramos en el subsuelo, el agua, las mil y una materias primas que son la riqueza natural del planeta. La clase trabajadora, como clase que media con la naturaleza, se ve manchado por ésta, y va adquiriendo con el tiempo la substancialidad de ésta, pues ve que el capitalista no se relaciona con ella más que como productos que la clase trabajadora ha elaborado, ya sea intercambiándolos o consumiéndolos.
La clase trabajadora acaba adquiriendo la substancialidad de la naturaleza, su autosuficiencia, y se ve entonces entorpecida por la forma capitalista que obtienen sus productos, las mercancías, en el mercado, con el Estado, con la moneda. Podría vivir sin todo esto, sin éste modo de producción, su sufrimiento podría acabar si éste no existiera, y es aquí donde la conciencia en si pasa al para si, desarrollando en el acto la contradicción fundamental del modo de producción capitalista, la contradicción capital-trabajo, llevando hasta las últimas consecuencias su declaración de guerra, contra su pobreza material y espiritual.
III. El nacimiento del Consejo Obrero
Pero el trabajador individual sabe que no puede competir con el capitalista. El mundo es enorme, y los capitalistas lo controlan desde todas partes, con las órdenes de cada dirección de empresa, con los fondos de accionistas, con los consejos sociales de las universidades, con las juntas de directores, con los Estados. A no ser que todo cambie, nada cambiaría. La radicalidad es el elemento naciente aquí, y de ahí se empiezan a desarrollar las formas organizativas de los trabajadores, basadas en la asociación entre si, que es donde yace su fuerza.
Históricamente, podemos hablar primeramente de hordas histéricas, de luditas que peleaban contra las máquinas «que les quitaban el trabajo», lo cual no es del todo falso pero no aclara la razón verdadera, el modo de producción capitalista. Luego podemos hablar de huelgas contra despidos, puede que por las crisis que el capitalismo, aunque se ofusque a reformarse para solucionarlas, nunca consigue esquivarlas. Ya a mediados del Siglo XIX empiezan las formas más conscientes de asociación, con la Liga de los Comunistas, la I Internacional, la Comuna de París, el nacimiento de los sindicatos nacionales, la II Internacional.
De todas las experiencias el proletariado internacional va sacando conclusiones, cada vez concretando más y más las formas en las que la asociación debe funcionar. Y es a principios del Siglo XX cuando, tras décadas de experiencias, se empiezan a formular de forma ya formal y regular los principios de rendición de cuentas, democracia de base, órganos superiores y órganos inferiores, sectorialización y territorialización, unidad de acción, debate en el interior…
Y de aquí nacen los consejos obreros. Organizaciones de base, en las que los trabajadores participan de forma libre y voluntaria, que se forma en la medida de lo posible en los centros de trabajo (y, cuando no es posible, en un territorio definido), con responsabilidades de dirección y gestión democráticamente elegidas y delegadas y con una rendición de cuentas regular y acordada, en coordinación con otros consejos obreros.
Los consejos obreros son la forma básica de la nueva democracia, la democracia socialista-comunista, y llevan en su seno la superación de todos los modos de producción anteriores. El productor ya no está subyugado al director, el esclavo al esclavista, el siervo al feudo, el trabajador al capitalista. Ahora es el productor mismo quien, democráticamente y de acuerdo con los consejos obreros de su mismo sector, elige el funcionamiento de su vida y trabajo. La contradicción capital-trabajo se resuelve elevando al trabajo a la dirección directa, a la gestión técnica y política formada desde la vida misma del trabajo.
IV. Un caso práctico de Consejo Obrero
Un ejemplo de consejo obrero, aunque con matices menores, son los Comités por la Defensa de la Revolución (CDR) de Cuba, que se organizan tanto en barrios como en fábricas y uniones de campesinos. Los CDR de Cuba tienen la capacidad de enmendar las leyes que el Parlamento de Cuba saque adelante, y el Parlamento de Cuba, a hechos prácticos, es el Partido Comunista de Cuba, que redacta y formula las leyes para ser luego debatidas por la base de CDRs, volviendo al Parlamento y siendo, finalmente, aprobada en referéndum por parte de los CDRs.
Y no son una anécdota ni un paso burocrático inútil, ni nada similar; de 11 millones de personas que hay en Cuba, 7 millones y medio están organizadas en los CDRs, es decir, casi un 70% de la población cubana tiene participación directa y regular en la política cubana, con el único requisito de tener más de 14 años. Casi el 70% de la población de Cuba tiene una relación estrecha con el Partido Comunista de Cuba, que por si solo cuenta con más de medio millón de militantes, cerca del 6% de la población de Cuba.
Por poner un ejemplo práctico, la reciente Ley de Familias, denominada legalmente ley 156/2022, era una ley que trataba de forma particular el matrimonio homosexual, los derechos LGBTI+, la formación legal de familias no tradicionales, la ilegalización del matrimonio infantil y más cuestiones relevantes. Cuando se debatió en el Parlamento se aprobó, se debatió y enmendaron algunas partes en los CDRs y luego éstas enmiendas se incorporaron, resultando en una ley popularmente debatida y aceptada, y delantera en muchos aspectos.
V. El significado del Consejo Obrero y el Partido Comunista
Históricamente, el consejo obrero ha sido un tema de debate, discusión y división en el movimiento comunista internacional. Los comunistas sindicalistas defienden que el concepto de consejo obrero se encuentra ya integrado en las formas que ellos defienden de sindicatos, como es el caso del pensador marxista Daniel De Leon, para quien primaba por encima de todo la organización de los trabajadores en sindicatos/consejos obreros, quitando importancia a una supuesta dirección «desde arriba» por parte de un Partido Comunista, criticando la posición más de corte leninista.
Ésta era una discusión suficientemente acalorada como para que salgan de éste tema obras de incalculable valor político como es la de Izquierdismo, la enfermedad infantil del comunismo (1921), de V. I. Lenin, donde se discute largo y tendido sobre la intervención de los comunistas en las masas, los sindicatos y más.
La posición leninista, que ha tenido más éxito a lo largo de la historia, defiende que sea el Partido Comunista el que trabaje por crear estructuras sociales propias de los trabajadores en las que éstos se organicen y tomen las riendas de su vida misma en el trabajo o los barrios, y que constituyan las formas básicas de democracia desde la base hasta arriba, en contra del parlamentarismo representativo que reina en una parte significativa del mundo capitalista.
Sería, entonces, trabajo del Partido Comunista que los militantes, en sus centros de trabajo y vida y sin organizaciones proletarias de dirección, las construyan con sus compañeros y vecinos, con todo aquel que constituya la clase obrera misma donde el militante esté. Los consejos obreros nacen, se desarrollan y, con suerte, se dividen o, por desgracia, mueren. La organización del consejo obrero no es, tampoco, únicamente laboral o barrial, sino que también puede darse de forma cultural, como en conservatorios o talleres artísticos para asociar a los artistas entre sí. Y es la tarea del Partido Comunista el crear éstos espacios de asociación para ampliar su base social y de acción, de crear un fuerte brazo con el que ejercer, cada día, la revolución que está en marcha.
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