La autora, siguiendo los pasos de Engels, habla con gran conocimiento de que una cuestión que preocupa a las masas rusas (dado su contexto) es la evolución de la familia y el matrimonio en el comunismo, cosa que Kollontai anota muy al principio de esta obra.
“¿Se mantendrá la familia en un Estado comunista? ¿Persistirá en la misma forma actual? Son estas cuestiones que atormentan, en los momentos presentes, a la mujer de la clase trabajadora y preocupa igualmente a sus compañeros, los hombres.”[1]
Ella visibiliza que toda relación social —entre ellas, la familia— está sujeta a cambio. Antes vivían diferente a hoy, y mañana también será diferente. Las relaciones sociales nunca han permanecido leales a unas leyes inmutables, sino que han ido cambiando.
“Bien sea por error o ignorancia, estamos dispuestos a creer que todo lo que nos rodea debe permanecer inmutable, mientras todo lo demás cambia. Siempre ha sido así y siempre lo será. Esta afirmación es un error profundo.
Para darnos cuenta de su falsedad, no tenemos más que leer cómo vivían las gentes del pasado, e inmediatamente vemos cómo todo está sujeto a cambio y cómo no hay costumbres, ni organizaciones políticas, ni moral que permanezcan fijas e inviolables.”[1]
A la vez, la autora bolchevique también nos cuenta con acierto que las costumbres sociales impuestas en nuestra sociedad no son nada más y nada menos que imposiciones sociales culturales y no universales.
“La moralidad al uso del hombre de nuestro tiempo le autoriza para exigir de las jóvenes la virginidad hasta su matrimonio legítimo. Pero, sin embargo, hay tribus en las que ocurre todo lo contrario: la mujer tiene por orgullo haber tenido muchos amantes, y se engalana brazos y piernas con brazaletes que indican el número…”[1]
Posteriormente, procede a hablar de la estructura familiar que el capitalismo, como nuevo sistema respecto al feudalismo, ha creado.
“En el tipo de familia a que estamos acostumbrados, es el marido el que gana el sustento, el que mantiene a la mujer y a los hijos. La mujer, por su parte, se ocupa de los quehaceres domésticos y de criar a los hijos como le parece.”[1]
Esta vez ha dado la descripción clara y concisa de que la estructura capitalista actual es patriarcal, pues la base económica en la que se basa la familia procede del padre, siendo la mujer la identidad rebajada a ser quien cuida de la casa y la familia. Pero, en poco, esta magnífica autora nos dará la observación de que este sistema capitalista patriarcal está remarcando aún más la carga que ha de soportar la mujer, pues el capitalismo ahora también obliga a la mujer a trabajar y, además, cuidar de la casa.
“Anteriormente, era el hombre el único sostén posible de la familia. Pero desde los últimos cincuenta o sesenta años, hemos experimentado en Rusia (con anterioridad en otros países) que el régimen capitalista obliga a las mujeres a buscar trabajo remunerado fuera de la familia, fuera de su casa.”[1]
Usando la misma expresión que la autora, ahora la mujer tenía que sostener una doble carga; el trabajo asalariado y el cuidado de la familia.
“El capitalismo ha cargado sobre los hombros de la mujer trabajadora un peso que la aplasta; la ha convertido en obrera, sin aliviarla de sus cuidados de ama de casa y madre.”[1]
Y, a la vez, Kollontai nos anota que en tiempos de guerra, el número de mujeres trabajadoras ascendía considerablemente. Cuando a los capitalistas les conviene no tienen ningún problema con usarlas como mano de obra, pues son igual de capaces que los hombres.
Y todo lo anteriormente anotado esto destruye la familia y los cuidados que se recibe por pertenecer a esta, pues la mujer encargada de dar los cuidados ya no tiene casi tiempo para ello (valorando que en su momento eran 10 horas de horario laboral diario y valorando un reposo deficiente). Sin tiempo para hacer las actividades de la casa ni el tiempo para repostar la energía necesaria para trabajar; la mujer está siendo extremadamente explotada bajo el sistema capitalista, y esto no está siendo señalado en absoluto. Esto genera que la familia sea cada vez menos necesaria tanto para el estado como para los miembros de la familia, pues es más fácil no hacer una familia para la mujer.
“Hoy día, desde las primeras horas de la mañana hasta que suena la sirena de la fábrica, la mujer trabajadora corre apresurada para llegar a su trabajo; por la noche, de nuevo, al sonar la sirena, vuelve precipitadamente a casa para preparar la sopa y hacer los quehaceres domésticos indispensables. A la mañana siguiente, después de breves horas de sueño, comienza otra vez para la mujer su pesada carga. No puede, pues, sorprendernos, por tanto, el hecho de que, debido a estas condiciones de vida, se deshagan los lazos familiares y la familia se disuelva cada día más. Poco a poco va desapareciendo todo aquello que convertía a la familia en un todo sólido, todo aquello que constituía sus seguros cimientos, la familia es cada vez menos necesaria a sus propios miembros y al Estado. Las viejas formas familiares se convierten en un obstáculo.”
Bibliografia.
1Kol·lontai, A. M. (1918). El comunismo y la familia. Barcelona: Editorial Marxista. Retrieved from https://www.marxists.org/espanol/kollontai/1918/001.htm
Otra bibliografía relevante y a la que se hace referencia:
Engels, F. (n.d.). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Retrieved from https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/el_origen_de_la_familia.pdf
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