Propuesta de artículo para el Juventud! #7: Renta, beneficio y salario: la economía política de la vivienda i Guión para el artículo de vivienda

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Introducció

Aquest guió i article, redactats el maig i juny de 2025, va néixer de la petició per part del Consejo Editor del Juventud!, revista política dels CJC, d’elaborar per part meva i d’un camarada més un article sobre economia política i la qüestió de l’habitatge, que havia d’articular la resta d’articles del número, essent aquest el tronc rector.

En la present entrada hi ha dues parts, que s’han d’entendre en estreta relació. Primer, el guió, que articulava les idees principals i les referències bibliogràfiques més rellevants. Segon, la proposta d’article, que en un redactat ja avançat havia articulat ja totes les idees desenvolupades i en major claredat que els escrits de Marx.

La proposta de guió es va acceptar ràpidament, però la redacció de l’article final va passar per vàries modificacions finals. L’article que vaig proposar i l’article que es va publicar difereixen en exposició i forma, però el contingut ideològic i polític es mantenen netament. L’article publicat finalment, anomenat Salario, beneficio y renta: la economía política de la vivienda, està publicat a la web dels CJC.

Guió

Economía política centrada en la producción y comercio

Tasa de explotación pv’, constante c y variable v, ganancia g y tasa de ganancia g’ con ambos capitales, clases fundamentales capitalistas: proletarios y burgueses

Pero esto no es todo, y Marx es perfectamente consciente de ello: el último capítulo del tercer libro de El Capital “las clases”, + terratenientes

De dónde sacan sus medios de vida y beneficio los terratenientes? Fórmula trinitaria de las rentas: rentas del trabajo (salario), rentas del capital (beneficio) y rentas de la propiedad (renta) busca la palabra técnica

Movimiento de capital en constante y variable: el constante es el capitalista que produce máquinas vendiéndolas al que las necesite para usarlas, mientras que el variable se divide en comprar productos para subsistir en general y alquilar para subsistir en algún lugar. El flujo de valor es circular en provecho del capitalista y del terrateniente y basado en la explotación interminable del obrero, ahogado económica y espiritualmente en el trabajo y en el hogar.

Inversión y rentabilidad del capital en general. Concreción histórica de la gran depresión (Michael Roberts), búsqueda insaciable de nichos de rentabilidad cada vez mayores, necesidad de estrechar los márgenes de ahorro de las clases populares por la rentabilidad de las rentas terratenientes en una situación donde las rentabilidades productivas son pocas, las comerciales cada vez más volátiles, las financieras no consiguiendo los objetivos que desean.

La crisis de vivienda que vivimos es el último síntoma de un modo de producción que es agonizante a nivel político y económico. El último faro de optimismo para la rentabilidad capitalista son las IAs, pero no están viendo en ellas la recuperación de la rentabilidad deseada, por lo que seguirán apretando todos los grilletes para mantener las previsiones de crecimiento.

Article

En El Capital de Karl Marx se expone de forma sucinta una realidad que nos es, tanto hoy como en ese entonces, muy clara: en el modo de producción capitalista coexisten la clase capitalista, la clase proletaria y la clase terrateniente. Nos referimos particularmente al Tercer Libro editado por Friedrich Engels y publicado en 1894, un año antes de su descanso final, en la última sección Los réditos y sus fuentes. En este artículo introductorio vamos a profundizar en las características que se divisan sobre esta tercera clase y las relaciones sociales que la crítica de la economía política pone en relieve, tanto en El Capital como en obras posteriores relevantes.

A nivel analítico, estamos hablando de unos niveles de concreción ya elevados, a diferencia de los primeros capítulos de El Capital. Esto significa que vamos a ver las categorías económicas usadas en el análisis y la exposición construyendo las conceptos que operan a niveles ya próximos a la realidad misma. Se pueden entender sin conocer extensamente éstas, pero profundizar en el estudio de éstas categorías sólo enriquece el análisis y el conocimiento que se obtiene de lo que se dice, nos arma con mayor conocimiento científico de la realidad social: este artículo no sustituye ningún estudio, sino que acompaña a él.

Las distintas clases que conviven en el modo de producción sobreviven mediante su relaciones sociales de producción y distribución en este, gracias a los réditos que consiguen de sus actividades económicas: la clase capitalista obtiene su rédito de su inversión en capital que denominamos beneficio e interés, la clase proletaria consigue su rédito que denominamos salario a cambio del desempeño de su fuerza de trabajo, el rédito de la clase terrateniente nace de la renta de la tierra que tiene en su propiedad.

El rédito que saca el terrateniente nace de dos fuentes: la fertilidad de la tierra y su ubicación. Marx analiza de forma prioritaria la primera (en parte por su nacido interés en la geología, la biología y la química durante los años en los que redactó estos manuscritos, un interés que seguirá hasta su muerte), sobre todo en vista de que dos tierras obtengan beneficios diferentes por fertilidades distintas. Lo relevante de ésto es considerar con Marx que el suelo, en ubicaciones de interés (como cercano al centro urbano, o su proximidad al centro industrial) o de una mayor fertilidad, puede rendir un mayor beneficio, aunque no tenga mucha relevancia por su obviedad. Mencionarlo aquí nos bastará.

Al analizar las clases sociales con sus réditos en vista y sus relaciones sociales nos salen a relucir unas cuestiones relevantes.

La relación social entre el capital y el trabajo. El capital sólo consigue un beneficio y/o interés en base a la explotación económica del trabajo, que transmite el valor de las máquinas y materias primas en las mercancías resultantes mediante un trabajo pagado por debajo del valor real que aporta. En resumen, la contradicción entre el capital y el trabajo que el artículo Proletarios y burgueses, trabajo y capital: la importancia de la economía política y las claves generales de su análisis marxista ya desarrollaba en el primer número de esta revista.

La relación social entre el capital y el terrateniente. El terrateniente impone al capitalista una ansia de beneficio aún mayor, porque una parte de sus ingresos van a ir a parar a pagar por el suelo en el que éste ha asentado su empresa. El terrateniente usará los réditos de sus rentas del suelo para conseguir más tierras si es posible, pero también puede darse que la propiedad del suelo del mundo llegue a un punto donde no haya suelo libre.

La propiedad del suelo bajo el modo de producción capitalista da pie, además, al desarrollo desigual de este en base a la rentabilidad que devenga de su explotación. Es en el modo de producción capitalista, al poner el motivo del beneficio como fundamental para esta clase y, así, adquiriendo un carácter históricamente nuevo para una class tan vieja, que se desarrolla hasta sus nuevas consecuencias la contradicción entre el campo y la ciudad.

La relación social entre el trabajo y el terrateniente. El proletario necesita, constantemente, recuperar sus fuerzas para trabajar de nuevo, y eso lo debe conseguir en algún lugar, principalmente porque el proletario no puede evitar ser un ser físico. Así pues, el proletario debe gastar una parte sustancial de su salario en conseguir un espacio donde reposar y recuperarse, y ese dinero lo pagará al terrateniente, que tendrá ese espacio en propiedad (contratado a empresas constructoras y de mantenimiento para crear sus propiedades), habilitado en las condiciones mínimas para tal objetivo en la medida que le sea posible, suponiendo un gasto regular para el proletario. Esta adecuación que hace el terrateniente, cabe decirse, la hace en pro de su propio interés, expresando una contradicción entre el proletariado y el terrateniente, una contradicción que se manifiesta en la lucha salarial y la lucha por la vivienda, como parte de la contradicción entre el capital y el trabajo. Cabe mencionar que también tiene consecuencias a ojos del turismo y la gentrificación.

También puede pensarse que el proletario no debe vivir de alquiler, porque eso supone una sangría constante de sus réditos del trabajo. Y es verdad a nivel del rédito, pero hace falta considerar dos cuestiones: el proletario normalmente vive ya al límite de lo que consigue, con suerte puede construir unos ahorros que le permitan comprar una vivienda, y para conseguir ese dinero muchas veces va a acabar sucumbiendo a pedir un crédito o un préstamo a un banco, incrementando efectivamente el capital usurero (que “crea dinero del dinero”); también hace falta señalar que en la compra de una vivienda sus intereses van a modificarse ligeramente, pues estaremos hablando de un proletario pequeño-teniente, aunque éste no arrienda para otro proletario.

Las tres relaciones sociales básicas, vistas en conjunto, se manifiestan como una relación social global mayor de lo que éstas son por sí solas. El capital paga a los proletarios, los proletarios pagan al terrateniente, los terratenientes reinvierten en capital. A simple vista podría parecer que las tres clases se enriquecen de este flujo global del valor. No podría ser más engañosa la apariencia.

El capital paga a los proletarios, pero siempre por debajo del valor que éstos han creado, extrayendo el plusvalor y pagando un salario lo más ajustado a las condiciones de reproducción que le sea posible. Esto implica un salario de pobreza y un empleo no pleno con tal de crear una parte de proletarios desesperados por competir contra sus iguales por los mismos trabajos (el denominado ejército industrial de reserva, el desempleo y su miseria), llevando los salarios y las condiciones laborales a la baja. El salario pagado por el capital es gastado por el proletariado para comprarle al capitalista los medios de subsistencia (comida, ropa… medios de consumo esenciales para la vida); el capital variable vuelve, al menos parcialmente, al capitalista como venta de mercancías (medios de consumo, en cambio la venta de maquinaria es a otros capitalistas que invertirán su capital constante), como nuevo dinero (y acrecentadas, pues contiene el plusvalor), posibilitando así volver a empezar la rueda de la producción contratando a más trabajadores y comprando más máquinas y materiales auxiliares en lo que Marx denominó reproducción ampliada.

Los proletarios pagan al terrateniente, pero lo que sucede de forma oculta es que el capitalista paga al terrateniente mediante el salario del proletariado. El salario se gasta, fundamentalmente, en dos partes: los medios de subsistencia y el alquiler. Así pues, no solamente se oprime al proletariado en el trabajo, sino que en su lugar de reposo también es extorsionado de aquello que ha ganado con su sudor.

Los terratenientes cobran la renta del suelo del capital. Eventualmente el terrateniente se encontrará un problema al querer ser el propietario del mundo, y es que no encontrará salida para invertir su nuevo dinero que le sea razonable en los suelos que encuentra en el mercado (bajas fertilidades o malas ubicaciones). Pero no puede permitirse tener su dinero quieto, la inflación se lo acabaría comiendo, por lo que tiene que buscar una alternativa. Y encuentra su solución en el capital mismo: puede invertir en el capital que él mismo está arrendando, en los equipos técnicos que adecuan sus propiedades para él.

El capital que se gasta en pagar la renta del suelo y que cuenta como pérdida es, en realidad, una inversión a futuro, a contrataciones, a estabilidad. El interés del capitalista y el interés del terrateniente, a la larga, coinciden y se fusionan; el terrateniente actúa, sin saberlo, como capitalista, aunque no supone una superación positiva de la contradicción y diferencia de intereses entre ambas clases, sino una mediación mediante la que el capital recupera el valor invertido en el capital variable y una parte del constante, y lo recupera como capital dinerario, preparado para volver a empezar su ciclo productivo.

Esta inversión del terrateniente en el capital no está libre de tensiones. El capital consigue más actividades mediante las que extraer plusvalor, sí, pero una parte de éste plusvalor ahora irá al terrateniente en forma de dividendos, como todos los inversores, repartiendo y distribuyendo entre más clases el mismo plusvalor. Si quiere que su ganancia (a nivel absoluto) se mantenga tendrá que emplear más trabajo, más proletarios, explotándolos más para aumentar la tasa de explotación, la tasa de extracción de plusvalor. La contradicción entre el capital y el terrateniente no la viven ninguno de ellos dos, sino que acelera el proceso de pauperización del proletariado y la proletarización de la pequeña burguesía (el capitalista que emplea como fuerza de trabajo a su propia persona, autoexplotándose en el proceso) que no consiga seguir aumentando la explotación a estos ritmos acelerados.

Las tres relaciones de los réditos en conjunto describen un flujo global del valor que es absoluta e indiscutiblemente opresivo para el proletariado. El capital invierte capital constante para comprar mercancías industriales a otros capitales (productos de la industria pesada) y para pagar el suelo en el que tiene su empresa al terrateniente. El capital variable (los salarios) que deviene el capitalista, de forma íntegra a excepción de los pocos ahorros que consiga acopiar el proletariado, circula mediante los medios de consumo (productos de la industria ligera) y los alquileres para volver, finalmente, al capital como dinero nuevo, como capital dinerario a invertir en un nuevo ciclo productivo. Una parte del salario va a pagar al terrateniente, que de vuelta usará sus rentas de la tierra para concentrar aún más las tierras bajo su clase.

El flujo global del valor entre las tres clases, ya en perspectiva y puesto en movimiento, nos expresan las dinámicas que hoy en día vivimos de una forma ahora científica. La tendencia decreciente de la tasa de ganancia, consecuencia normal de la competencia generalizada y la imposibilidad de encontrar nuevos mercados, hacen necesaria una mayor explotación. Ésta mayor explotación puede hacerse de diversas formas, como nos expone Marx: reorganizar el trabajo, ampliar la jornada laboral, reducir el salario (nominal o social, pues reducir servicios públicos también es “perder poder adquisitivo”), abaratar la inversión necesaria para los ciclos productivos, aumentar el ejército industrial de reserva (el desempleo), exportar los capitales a donde la tasa de ganancia aún no haya decrecido a esos niveles (por tener unas condiciones de explotación más beneficiosas para el capital), aumentar la temporalidad y estabilidad del trabajo. Otra forma de aumentar la explotación laboral es aumentar los alquileres o imponer que éste sea temporal a niveles extremos, ahogar a los proletarios fuera del trabajo para que vayan a éste con mayor desesperación, con un nivel de vida decrecido y una miseria absoluta, refluyendo su salario a tener menos espacios donde vivir y pagando indirectamente a los capitalistas con la explotación sobre la que se sustentan.

La miseria económica y espiritual, tanto en el trabajo como en su vivienda, es la base de la existencia del proletariado bajo el modo de producción capitalista. Y ésta es una miseria que, sin un contrapeso organizado y proletario, sólo se intensifica. Esta es la enseñanza, en síntesis, que nos muestra la crítica a la economía política, las dinámicas necesarias del desarrollo capitalista.

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